Nuestro país vive ahora en la paradoja del crecimiento. La estabilidad de la política monetaria y el impulso exportador –tradicional principalmente– han generado una tasa de crecimiento por encima del promedio latinoamericano –a pesar de los problemas fiscales–, pero este auge no alcanza a la mayoría de la población, inmersa en el descontento por la falta de oportunidades y de acceso al trabajo.
Esta paradoja de crecimiento, exógena al comportamiento de los niveles de empleo productivo, se da en momentos en que ocurren importantes eventos, que en circunstancias normales nos permitirían acortar en poco tiempo el terreno perdido durante la década de los ochenta y los finales de los noventa.
Las buenas noticias han empezado con el inicio de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y continuarán hacia agosto con la llegada del gas de Camisea a Lima, en tanto nuestro comercio exterior actualmente se ve ampliamente favorecido por los beneficios del ATPDEA y la tendencia alcista de las cotizaciones internacionales del oro y el cobre.
Mejor escenario, imposible. Empero, la realidad es distinta, pues existen problemas estructurales, en su mayoría heredados desde los albores de la República.
La Agenda
En este escenario, se requiere de una decidida voluntad política del gobierno con el apoyo de las organizaciones políticas y sociales, para emprender una estrategia de desarrollo competitivo.
Los empresarios ya venimos contribuyendo con aportes a través del Consejo Empresarial de Negociaciones Internacionales, principalmente, para facilitar el acceso a nuevos mercados, comenzando por el TLC con los Estados Unidos.
Entretanto, en opinión de la Cámara de Comercio de Lima, esa estrategia debe incorporar los siguientes aspectos:
Mejora del clima de inversión.
Mejora de la infraestructura logística.
Incremento de la calidad y cantidad de la oferta productiva.
Integración de las Pymes a la economía formal.
Fomento de la actividad empresarial en las regiones.
Fomento del comercio exterior.
Resguardo de la Institucionalidad.
En el primer punto encontraremos tareas trascendentales como la reforma del Estado –en sus tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial–, la generación de mecanismos de seguridad contractual y las correcciones al sistema tributario y a la rigidez de la legislación laboral.
Las acciones mencionadas están encaminadas a eliminar cualquier tipo de incertidumbre con respecto a las reglas de juego bajo las cuales se emprenderán nuevas inversiones.
En segundo término, se deben generar los recursos a través del presupuesto público y el proceso de concesiones para mejorar la infraestructura logística del país, de tal manera que los puertos, aeropuertos y carreteras pasen de ser una limitante a un eficaz vehículo para la competitividad de la actividad productiva.
De esta manera, se propiciará la mejora de la oferta productiva, la incorporación de las Pymes a la actividad formal y el fomento de la actividad productiva en las regiones, medidas que tienen por objetivo reducir los niveles de informalidad, que actualmente representa el 60% del PBI.
Un tratamiento especial merece el fomento del comercio exterior, pues dado lo reducido de nuestro mercado interno, el crecimiento competitivo de nuestra economía sólo se concretará por el desempeño de la actividad exportadora.
El Plan Maestro
En este sentido, el gobierno debe de inmediato dictar las medidas para implementar el Plan Maestro de Facilitación de Comercio Exterior, anunciado hace poco por el Presidente Toledo, en el marco del Plan Estratégico Nacional de Exportaciones (PENX). Dentro de este punto, particularmente se le debe dar una mayor importancia a los Planes Estratégicos Regionales de Exportaciones.
Resulta entonces fundamental llevar adelante en el más breve plazo la agenda señalada, considerando que a partir del 18 de mayo participaremos en la mesa de negociación con los Estados Unidos.
Un último punto, pero no por ello el menos importante, es la creación de mecanismos que resguarden la institucionalidad vigente, es decir, prever las medidas que eviten modificar la legislación al compás del ruido de la coyuntura política.
A la par de los siete puntos de la estrategia señalada, debe considerarse que la dinámica de las medidas permitirá la liberación de mayores recursos para implementar las reformas estructurales en educación y salud.
Por tanto se necesita un verdadero consenso en torno a las medidas mencionadas, pues de lo contrario, valiosos esfuerzos como el Acuerdo Nacional y la elaboración de la Hoja de Ruta no rendirán los resultados esperados.
En suma, se requiere de la madurez de los líderes para enrumbar al país por la senda del progreso, a fin de que el Perú sea visto como una plaza atractiva para invertir y generar los puestos de trabajo que a diario mil nuevos jóvenes nos reclaman.