En la evolución de la vestimenta han influido diferentes estilos y modas, materiales y tecnologías, códigos de género y posición social, migraciones y tradiciones.
Hoy por hoy, los más importantes colosos de la moda del planeta producen en nuestro país, prendas para las marcas más prestigiosas del orbe, colocándonos en el ojo de los productores mundiales.
Así, gracias a la reconocida y alabada calidad del algodón peruano _que para los empresarios del sector constituye la base de todo–, el Perú es según la Organización Mundial de Comercio, uno de los principales productores latinoamericanos de prendas de vestir.
Los mercados a los que distribuyen los productores locales son los más importantes: Europa y los Estados Unidos, a los que va el 80% del grueso de la producción, mientras que el 20% restante se distribuye en mercados menores como Japón, Canadá y Australia.
Según refiere Kenneth Wilson, gerente de comercialización de Copertex, la cantidad de empresas textiles en el Perú es enorme. «La exportación recae en prácticamente 15 empresas, aunque hay espacio para muchas más.
En este contexto, este rubro registró el año pasado, un crecimiento promedio anual de 20%, habiendo superado las exportaciones los US$ 600 millones, impulsadas por la incursión de grandes empresas como Tommy Hilfiger, Donna Karan, Calvin Klein, Polo Ralph Lauren y marcas deportivas de lujo como Nike, Reebok, Puma y Adidas, entre otras.
Tres puntos clave
En esta carrera sin fronteras, las fábricas locales contratadas por firmas internacionales en nuestro país son numerosas, entre ellas destacan San Cristóbal, TexGroup, Textil del Valle, Nettalco, Copertex, Contempo, Cotton Knit, Nuevo Mundo, Hitepima e Hialpesa, entre otras.
Por ello, la captación de un nuevo cliente no es de ningún modo fruto del azar y es una suerte de prueba que en la mayoría de casos duran cerca de dos años, que favorece el arribo de una determinada marca.
Sin embargo, para los inversionistas existen tres factores categóricos en la elección de un determinado país para operar: el bajo costo de producción, el ritmo de entrega y la existencia de una política de gobierno orientada a incentivar estas actividades.
Del otro lado del espejo
En la actualidad, nos basta con tomar un catálogo o visitar uno de los grandes almacenes de ropa para hacernos de lo necesario para la temporada que empieza y si bien reconocemos una clara tendencia en las vitrinas, poco sabemos de lo que sucede del otro lado del espejo.
Al respecto, Alex Zimmermann, gerente de línea hombres y niños de Saga Falabella, nos aclara que cada temporada requiere de un trabajo anticipado de seis meses a un año, tiempo en el que se visitan las grandes ferias de la moda y las ciudades más cosmopolitas como Milán, París o Nueva York, en las que se observa las tendencias de color y materiales.
«Hacemos una interpretación propia de la moda de afuera con asesores que ayuden a interpretar para nosotros, entonces tenemos un ‘Mix’ que creemos el adecuado para el postor».
En esta época, explica, la tendencia apunta hacia lo óptico, (prendas muy vistosas con cuadrados y símbolos), e independientemente de si se trata de prendas para verano o invierno, o si está muy o de poca moda; al momento de comprar, uno debe colgarse de esta tendencia.
Al respecto, Zimmermann hace hincapié en que si de una prenda básica (color entero) se trata, el porcentaje de compra es mayor, mientras que en el caso de una prenda óptica, debe recordarse de comprar lo menos posible.
Público exigente
A diferencia del común del resto del mundo el público peruano es muy exigente, sobre todo por el conocimiento del algodón con sólo palpar la prenda. «Ellos saben perfectamente si es acrílico, si está mezclado o si el algodón está cardado», refiere Zimmermann.
Por ello, el negocio exige de la extraña comunión de ciencia y arte, en la que es necesaria adaptar los colores, las telas y sobretodo, los precios.
«Nosotros separamos al público en tres campos: Tradicional (el típico pantalón de vestir, polo de color entero y casaca básica con elástico), neotradicional (va mas allá, pantalón sin pinzas, algunas prendas de polystrech, algunas camisas más entalladas al cuerpo, diseños más novedosos, cuadros más grandes y llamativos) y contemporáneo, (el típico Kenneth Cole que se pone un tema de moda. Texturas nuevas, fits nuevos, bolsillos de diferentes formas, polos más pegados, etc.)», precisa.