La realidad es, definitivamente,
más compleja y sus caminos más sinuosos
e inciertos. El crimen por lo general, no paga,
y los autores suelen reincidir o transar para lograr
la impunidad. Esta es la historia real de la República.
La corrupción en el Perú
fue facilitada por el predominio de regímenes
verticales de poder, algunos de ellos disfrazados
con antifaces democráticos. Desde 1,823 hasta
el 2,000 (177 años) gobernaron al Perú
51 militares y 32 civiles. Algunos de los gobiernos
civiles fueron autoritarios o no democráticos.
La presencia militar continua indica
que en el Perú, proporcionalmente, la dictadura
o las formas autoritarias han predominado a los
acuerdos y a las formas democráticas. De
este modo, lo que primó fue el manejo oculto
de los asuntos del Estado. Pero, al lado de la breve
intermitencia democrática subyacen otros
factores:
SULTANISMO
Como herencia de la colonia en el
Perú, resaltan algunas formas más
o menos nítidas de lo que Max Weber llama
sultanismo. Esto es un sistema estatal
que carece de contenido racional y que desarrolla
en extremo la esfera del arbitrio libre y de la
gracia del jefe.
En la colonia fueron grupos intermitentes,
fugaces, sucedáneos de monarcas y virreyes,
dependientes directos del señor, o parientes
y amigos, denominados favoritos.
El sultanismo y el caudillaje se
hermanan y configuran un método y una tradición
republicana. Quizás, resuenan ahora en algunos
oídos, la frase oscuramente célebre
del entonces presidente Benavides: a mis amigos
todo, a los demás la ley.
CLIENTELISMO
El clientelismo puede ser identificado
como otra causa aparente de la corrupción.
Esta práctica deviene de la época
colonial. Felipe II estableció la venta de
oficios en la colonia a fin de obtener una renta
y para impedir que los virreyes usaran los cargos
públicos como premio a su clientela. Sin
embargo, dicha medida no frenó la corrupción
sino que generó nuevos métodos para
la especulación y venta de empleos.
De algún modo, la concepción
del poder en el Perú se forjó a partir
de las relaciones
clientelistas. Todo se conseguía
previo trámite ante el Estado, sino mediando
a través de los gremios poderosos o a través
de vínculos estrechos con los gobernantes.
Los caudillos no sólo disponían de
los caudales públicos como propios sino que
los usaban como medio de intercambio.
EL ESTADO NO REAL
Otra de las causas estructuralesde
la corrupción es la existencia constante
de un Estado no real. El marco institucional fue
endeble o apenas aparente. Sin esa base, en el Perú
el poder prevaleció a la administración.
En su extremo la arbitrariedad primó sobre
las reglas y las competencias.
Desde los albores de la República,
el Perú vivió en torno a la construcción
de un Estado, ignorando, que es a través
de la sociedad civil que las Naciones prosperan.
Sin embargo, la construcción del Estado Nacional
fue parcial, las batallas políticas en torno
al poder fueron más importantes que la concreción
de los diseños más normativos. Estructurar
un Estado se convirtió en una entelequia,
una abstracción.
CAUDILLLISMO
El derecho sirvió más
a los fines de los caudillos que para cristalizar
los grandes ideales de la República. En suma,
no se pudo ni consolidar un Estado, menos aún
crear las condiciones para edificar una sociedad
civil sólida y vigilante.
Sin Estado ni ciudadanos, sin una visión
de país ni de futuro, la improvisación
y la inestabilidad resquebrajaron el viejo sueño
de lo que Basadre llamó la promesa
de la vida peruana. Primó ante la ausencia
de una burocracia ilustrada, lo que Weber denominó
El Estado depredador.
En ese contexto, la política fue un ejercicio
brutal de garrotazos en el que la Constitución
y las reglas se tornaron prescindibles. Estos vicios
afirmaron de algún modo el poder de los presidentes
y las elites, en desmedro de las instituciones.
En consecuencia, se hizo difícil
configurar un poder político cuya estructura
y funcionamiento respondiera al viejo ideal de los
antiguos tribunos: una República en la que
el poder estuviese distribuido y en la que los jueces
y parlamentarios ejercieran su función sobre
la base de la justicia y la razón y no por
la fuerza de la imposición o del chantaje.
Desgraciadamente este escenario continúa
reproduciéndose en nuestro país.