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Mayo 2002 -  No. 2304

Revista 2302

Carta a los Ex Directivos

En circunstancias especiales como ésta, en que culminamos una gestión que comprometió nuestro constante esfuerzo por mejorar y diversificar los servicios de La Cámara e impulsar su liderazgo, nos invaden encontrados sentimientos de nostalgia y alegría.
De nostalgia, porque nos alejamos de un quehacer que nos unió e hizo partícipes de los proyectos institucionales y consecuentemente nos identificó con las más sentidas aspiraciones de los asociados.
De alegría, porque al recuperar el tiempo que le asignamos a la institución, lo dedicaremos en adelante al quehacer empresarial, personal y familiar.
Como dirigente siempre me he preguntado qué es lo que impulsa a un empresario a asumir una responsabilidad institucional, a pesar de tener ya suficientes preocupaciones con sus propias actividades.
 

La respuesta es que, a pesar de que como empresarios somos hombres pragmáticos, en el fondo también construimos utopías.
Nos preocupamos así, no sólo por la mejora de nuestras empresas y consecuentemente de nuestros trabajadores, sino también por el destino de la comunidad que nos congrega, que al fin de cuentas significa preocuparnos por el futuro de nuestro país.
Creo yo por eso, que los empresarios que en todo momento buscamos resultados concretos, estamos hechos de una fibra especial, porque teniendo siempre los pies en la tierra, no dejamos de soñar con la cabeza en las nubes.
No voy a referirme a los logros de La Cámara en la gestión que nos tocó cumplir, pues todos ustedes son testigos de lo alcanzado gracias a vuestras iniciativas e invalorable respaldo.
Como ustedes pueden dar testimonio, los últimos tiempos son particularmente difíciles para las empresas, tanto por los efectos de una recesión que se prolonga por más de 4 años, como por ciertos cambios populistas que se vienen implementando.
Pero si bien estas contingencias causan sobresalto, no por ello doblegan el tesón y el espíritu emprendedor que caracterizan a los hombres de empresa del Perú.
Los empresarios pese a las crisis cuando no a las incomprensiones hemos apostado por el Perú y lo seguiremos haciendo, porque ésta es la Patria de nuestros padres, de nosotros, de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. El valor de vuestro esfuerzo y desprendimiento demostrados para servir a los demás a través de esta centenaria institución, en realidad no tiene precio, ya que la solidaridad no se pesa, ni se mide, sólo se valora en la conciencia de los hombres. En consecuencia, permítaseme en esta hora de reminiscencias agradecerles su oportuno, como certero e invalorable consejo y apoyo, que permitieron poner en práctica iniciativas que han ubicado a nuestra institución a la vanguardia del liderazgo empresarial.
Al concluir nuestra gestión, dejamos la Cámara de Comercio de Lima en manos de Javier Aida Susuki, dilecto y caballeroso amigo.
Estamos seguros que él sabrá conducir a buen puerto los destinos de la institución en estos momentos especiales que vive el país, con el tesón, la constancia y el particular brillo que todos le conocemos.

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