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Noviembre 2001 -  No. 2301

Revista 2301
 
permitir soluciones de mercado, lo que vamos a tener es un dólar rígido que nos hará perder divisas y al poco tiempo justificará que algún demagogo hable nuevamente de barreras comerciales o aranceles más altos para proteger lo local de la amenaza de asiáticos que sí devalúan y de los que inviertan en lo que hoy día produce competitividad”.
Señala como ejemplo que Norteamérica, Asia y Europa gastan anualmente casi la mitad de su PBI en investigación de nuevas máquinas, y en investigación, desarrollo y educación. Nosotros, en cambio, en nuevas máquinas estamos gastando cerca del 13% del PBI,y en educación alrededor de 6%.
Cuando hablamos de competitividad deberíamos entender que la prioridad nacional debería ser brindar una buena educación, pero no estamos haciendo mucho por cambiar las cosas, afirma y explica que la alta ineficiencia del sistema educativo peruano hace que “de alguna manera consolidemos una base perdedora”.
 
“El gran pagador de estas poses politiqueras de cada cierto tiempo es el pueblo peruano, y hoy día el Legislativo y el Ejecutivo tienen la gran responsabilidad de no repetirlas y no hacernos cada vez más perdedores en esta arena global”.

LA COMPETITIVIDAD

Al referirse a los efectos de la

recesión mundial en el Perú, Carlos Adrianzén, precisa que “nos afecta fundamentalmente la forma cómo los países asiáticos están respondiendo mucho más proactivamente que nosotros, con devaluaciones en un mundo donde las divisas son más escasas”.
Explica que en un escenario en el que se mantenga un tipo de cambio nominal “sin privatizar y sin

LA FUENTE DE POBREZA

Tras señalar que nuestra fuente de pobreza es la deficiencia de capital humano precisa que, por ejemplo, “nuestras universidades son prolíficas en generación de títulos y muy tacañas en la generación de educación competitiva”, y esto configura sectores, empresas y, sobre todo, individuos menos competitivos, menos productivos, con menos ingresos y perdedores seguros en un mundo que inexorablemente se ha hecho global.
“Hay gente que dice: nos globalizamos o no nos globalizamos. ¡No señor!, es como la gravedad, no es opcional. Sale muy caro vivir en un entorno sin gravedad. Sale muy caro cerrarse. El camino es prepararse para ganar. Vivimos en un mundo global, no nos gusta ser perdedores, pero todo lo que estamos haciendo es construir una mayor tradición de perdedores que la que ya tenemos. Hay que acabar con eso”, concluye

 
“sin privatizar, sin concesionar y sin permitir
soluciones de mercado, lo que vamos a tener es un dólar rígido que nos hará perder divisas y al
poco tiempo justificará que algún demagogo hable nuevamente de barreras comerciales o
aranceles más altos para proteger lo local
de la amenaza de asiáticos que sí devalúan y de los
que inviertan en lo que hoy día produce competitividad”.

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