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La
globalización es en realidad un
fenómeno que tiene diversas aristas:
económicas, financieras, sociales y
tecnológicas, todas superpuestas, pero
desde el punto de vista
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económico
lo que importa es un ambiente diferente para
la toma de decisiones, dice el economista
Carlos Adrianzén, director académico
del MBA de la Universidad San Ignacio de Loyola.
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Agrega
que hoy en día las empresas de todo
el mundo tienen clientes fuera de sus respectivos
países. Es un contexto abiertamente
más competitivo que obliga a que
las empresas capitalicen sus habilidades
y estén innovando continuamente.
El Perú, salvo algunos sectores como
el minero, mantiene un bajo índice
de competitividad y esto se refleja en nuestros
porcentajes de comercio internacional, precisa,
tras recordar que en los últimos
rankings de competitividad el Perú
ha bajado cerca de veinte escalones y está
por el puesto cincuenta o sesenta.
Considera que esto no sólo tiene
que ver con el hecho de que nuestra cultura
empresarial para competir es muy joven y
que por lo general hemos construido
arquitecturas organizacionales acostumbradas
a vivir del gobierno y de subsidios,
sino que también tiene que ver con
políticas macroeconómicas
con énfasis en poner a toda empresa
exitosa cargas tributarias exuberantes como
sucede con la cerveza o con las bebidas
gaseosas, énfasis en castigar
la contratación de mano de obra con
sobrecostos laborales y énfasis en
mantener el dólar barato.
Todo
lo cual constituye la regla común
de nuestros gobiernos erosionando la competitividad
de las empresas nacionales y haciendo mucho
más atractivo el producto importado,
puntualiza.
LAS
INVERSIONES EXTRANJERAS
En
estos días está de moda el
tema de las inversiones extranjeras. Por
ejemplo este patético caso del arbitraje
a las empresas eléctricas contra
la SUNAT: Se dice que el fondo de la historia
es de dignidad y a mí cuando me tocan
ese tema me hacen recordar a todos esos
gobiernos corruptos y dictatoriales
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que
cada vez que querían esconder algo
o robarle la propiedad a alguien, o simplemente
incumplir con compromisos de la nación,
como en los años de Alan García,
nos hablaban de dignidad nacional,
afirma.
Considera muy poco exitosos los tratamientos
tributarios diferenciales. También
tengo entendido dice que los
mayores beneficiarios de estos tratamientos
tributarios especiales que hoy día
se quieren arbitrar no son precisamente
las empresas extranjeras, pero hay algo
que sabemos los economistas y es que es
muy costoso quebrar la regla.
En países como el nuestro la palabra
del Estado es sumamente cuestionada, por
eso los inversores extranjeros piden contratos
de estabilidad tributaria con cláusulas
muy claras, en todo caso dirimibles en el
poder judicial, porque cada gobierno
tiende a no reconocer al gobierno anterior,
a ponerle los peores epítetos y en
función a intereses de turno se termina
diciendo que una empresa debe pagar los
tributos que cuando vino se le ofreció
que no los iba a pagar. Esta
actitud hace un enorme daño a la
competitividad de la plaza peruana, que
deja de ser atractiva, previsible y estable
para hacer negocios, señala.
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