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Noviembre 2001 -  No. 2301

Revista 2301
“La globalización es en realidad un
fenómeno que tiene diversas aristas: económicas, financieras, sociales y tecnológicas, todas superpuestas, pero desde el punto de vista
económico lo que importa es un ambiente diferente para la toma de decisiones”, dice el economista Carlos Adrianzén, director académico del MBA de la Universidad San Ignacio de Loyola.
 

 

Agrega que hoy en día las empresas de todo el mundo tienen clientes fuera de sus respectivos países. “Es un contexto abiertamente más competitivo que obliga a que las empresas capitalicen sus habilidades y estén innovando continuamente”.
El Perú, salvo algunos sectores como el minero, mantiene un bajo índice de competitividad y esto se refleja en nuestros porcentajes de comercio internacional, precisa, tras recordar que en los últimos rankings de competitividad el Perú ha bajado cerca de veinte escalones y “está por el puesto cincuenta o sesenta”.
Considera que esto no sólo tiene que ver con el hecho de que nuestra cultura empresarial para competir es muy joven y que por lo general “hemos construido arquitecturas organizacionales acostumbradas a vivir del gobierno y de subsidios”, sino que también tiene que ver “con políticas macroeconómicas con énfasis en poner a toda empresa exitosa cargas tributarias exuberantes –como sucede con la cerveza o con las bebidas gaseosas–, énfasis en castigar la contratación de mano de obra con sobrecostos laborales y énfasis en mantener el dólar barato”.

Todo lo cual constituye la regla común de nuestros gobiernos erosionando la competitividad de las empresas nacionales y haciendo mucho más atractivo el producto importado, puntualiza.

LAS INVERSIONES EXTRANJERAS

“En estos días está de moda el tema de las inversiones extranjeras. Por ejemplo este patético caso del arbitraje a las empresas eléctricas contra la SUNAT: Se dice que el fondo de la historia es de dignidad y a mí cuando me tocan ese tema me hacen recordar a todos esos gobiernos corruptos y dictatoriales

 

que cada vez que querían esconder algo o robarle la propiedad a alguien, o simplemente incumplir con compromisos de la nación, como en los años de Alan García, nos hablaban de dignidad nacional”, afirma.
Considera muy poco exitosos los tratamientos tributarios diferenciales. ”También tengo entendido –dice– que los mayores beneficiarios de estos tratamientos tributarios especiales que hoy día se quieren arbitrar no son precisamente las empresas extranjeras, pero hay algo que sabemos los economistas y es que es muy costoso quebrar la regla”.
En países como el nuestro la palabra del Estado es sumamente cuestionada, por eso los inversores extranjeros piden contratos de estabilidad tributaria con cláusulas muy claras, en todo caso dirimibles en el poder judicial, “porque cada gobierno tiende a no reconocer al gobierno anterior, a ponerle los peores epítetos y en función a intereses de turno se termina diciendo que una empresa debe pagar los tributos que cuando vino se le ofreció que no los iba a pagar”.
Esta actitud hace un enorme daño a la competitividad de la plaza peruana, que deja de ser atractiva, previsible y estable para hacer negocios, señala.

 

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