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El beneficio principal es que lleva a la región
al proceso de globalización, pero debemos
ser claros en entender que la globalización
tiene un precio: la competitividad.
La globalización nos va a beneficiar
si somos competitivos, lo cual incluye la
logística competitiva, tema no desarrollado
en el país.
Si nuestros productos o sistemas no son competitivos,
al abrir nuestras fronteras a la globalización
nos van a inundar con productos del extranjero
y los nuestros no podrán salir a competir,
ese es el riesgo y también la oportunidad
si la sabemos aprovechar, este es el desafío
que tenemos no sólo en el Perú
sino también en América del
Sur.
¿Cuál
debería ser la posición de nuestro
país en este proceso de integración?
En este esfuerzo de América del Sur
lo deseable es que Perú acompañe
de la mejor forma posible la agenda de los
cinco puntos, en la cual se seguirá
avanzando uno de los más importantes
que es la infraestructura física.
Además, al igual que otros países,
Perú debería hacer un esfuerzo
especial en la capacitación de su capital
humano para alcanzar niveles más competitivos,
no sólo en la parte de producción
sino también de logística competitiva.
Vale
decir, ser competitivos en todo el proceso
de un determinado producto desde el costo
del embalaje, hasta el costo del flete para
llegar al puerto y luego el traslado a los
almacenes de la empresa compradora.
¿Considera
que el Gobierno y el sector privado están
aportando a la tan ansiada integración?
Se empieza a sentir un clima de armonía
y de convergencia entre los intereses del
Gobierno y el sector privado. Este nuevo panorama
permitirá un diálogo mayor y
un trabajo en conjunto en mejores condiciones,
logrando así salir adelante en el país.
Las entidades ya están dadas, así
como la importante contribución de
la Cámara de Comercio de Lima en todo
este proceso que se ha interiorizado en el
ALCA desde sus inicios, están también
los organismos del Gobierno que tendrán
que apoyar la acción del sector privado
desde la Cancillería, el Ministerio
de Economía y sobre todo el Ministerio
de Industria, Turismo, Integración
y Negociaciones Comerciales Internacionales
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Si
bien nuestro país atraviesa todavía
por una situación económica
difícil, las esperanzas de reactivación
se tornan cada día más factibles,
gracias a los procesos de integración
y cooperación económica en los
cuales se encuentra inmerso. Ahora sólo
nos queda equiparnos adecuadamente y optar
por nuestras mejores armas para enfrentar
el desafío que significa el ALCA. Estos
fueron algunos de los comentarios vertidos
por Fernando González Vigil, miembro
de la Comisión ALCA Perú y catedrático
de la Universidad del Pacífico.
Los
pro y contra de una economía mundial
dividida potencialmente en tres bloques

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¿Cómo
evalúa los procesos de integración
en nuestro país?
De los procesos de integración o de
cooperación económica en los
que participa el país hay dos que conviene
mencionar en particular: la Comunidad Andina
CAN y el Foro de Cooperación Económica
Asia Pacífico- APEC. Ambos tienen una
importancia central que es la posibilidad
de convertir a nuestro país en atractivo
para la captación de inversiones en
actividades industriales y de servicios modernos.
La posibilidad de concretar este atractivo
se complicó en los años
´90
por deficiencias en la política comercial
aplicada por nuestro país; sin embargo,
nuestra participación en el proceso
de integración andina contribuyó
a la diversificación del comercio
exterior peruano. Así al interior
de la Comunidad Andina exportamos productos
con mayor valor agregado y un nivel superior
de elaboración que los exportados
al mundo en general, en lo cual ha generado
consecuencias positivas en términos
de transformación productiva, de
empleo, de adquisición de conocimientos
tecnológicos y de capacidades empresariales.
En cuanto a las posibilidades que abre el
APEC para la atracción de inversiones,
que son sin duda muy superiores que las
que ofrece la CAN, han obrado otros factores
negativos adicionales al ya mencionado respecto
a la política comercial, que fueron
la crisis asiática y el impacto contractivo
del Fenómeno El Niño en 1997-98.
A ello se sumó la crisis política
interna de nuestro país, que nos
ha impedido proyectar la imagen de estabilidad
política y económica indispensable
para concretar esas posibilidades.

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