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Reconociendo
su papel determinante en el desarrollo y progreso
no sólo material sino también
moral y ético del país, los
empresarios peruanos se comprometen:
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A no ofrecer u otorgar, directa o indirectamente,
sobornos, dádivas, prebendas, favores,
promesas u otros beneficios a los funcionarios,
autoridades o directivos de organismos públicos
y gubernamentales de cualquier nivel, en
todo el país, a cambio de obtener
preferencias u omisiones en los procesos
de contratación con el Estado.
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A rechazar y denunciar públicamente
cualquier solicitud o exigencia del pago
de comisio-
nes, gratificaciones o beneficios por parte
de la empresa u organismo público
o gubernamental con quien suscriba contratos,
o del funcionario o autoridad, sea cual
fuere su nivel, que los solicite.
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A respetar y cumplir estrictamente las bases
que establezcan todas las licitaciones y
procesos de contratación con el Estado.
Igualmente a dejar explícita constancia
de sesgos inapropiados en las bases que
orienten indebidamente las mismas.
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A cumplir estrictamente, salvo casos de
extremada fuerza mayor, con los plazos,
requerimientos técnicos y condiciones
exigidas en los procesos de licitación
y contratación con el Estado ya subsanar
las eventuales omisiones o deficiencias
en que haya incurrido, siempre que respondan
estrictamente a lo estipulado en los contratos.
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A aceptar las sanciones que le impongan
las leyes peruanas ya declararse inhabilitados
de

volver a contratar con el Estado en el plazo
que fije la ley, en caso de comprobarse
que incumplió deliberadamente con
sus contratos con el Estado o que recurrió
al pago de sobornos o comisiones para verse
favorecido.
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A incorporar además de su Misión
y Visión, una Declaración
de Valores de su empresa, la cual defina
el norte de su organización y que
a la vez sea interiorizada por sus directivos,
ejecutivos, funcionarios y trabajadores.
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A establecer como parte de sus reglamentos
internos, un Código de Ética
que defina y plasme los criterios de acción
y normas de comportamiento que deben guardar
sus directivos, ejecutivos, funcionarios
y trabajadores en sus negociaciones y tratos
especialmente con los funcionarios y directivos
de las empresas y organismos del Estado
y también con el sector privado.
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A implementar programas y cursos de capacitación
y formación permanentes, dirigidos
a sus directivos, ejecutivos, funcionarios
y trabajadores, a fin de inculcar en ellos
los valores de la honestidad y la decencia,
fundamentales para toda convivencia civilizada.
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A sancionar drásticamente, sin distingo
y guardando siempre un adecuado nivel de
equidad,
proporcionalidad y justicia, a cualquiera
de sus directivos, ejecutivos, funcionarios
o trabajadores implicados en cualquier caso
de corrupción.
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A no emplear mecamismos tales como acuerdos
de subcontratación, pedidos o acuerdos
consultivos, etc., para efectuar pagos a
funcionarios, empleados, familiares o asociados
de la otra parte contratante, sea del Estado
o del sector privado.
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A mantener de la manera más transparente
posible todas sus operaciones financieras,
las cuales deberán figurar con exactitud
en libros contables apropiados, los cuales
se pondrán a disposición de
los órganos de control del Estado
o de la Sociedad Civil que lo soliciten
y que corresponda.
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A hacer públicas las contribuciones
que, en uso de su derecho constitucional,
hagan a favor
de organizaciones políticas, candidatos
o dirigentes de dichas agrupaciones durante
los procesos electorales.
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