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¿Funciona
o no el librecambio a escala global? Quien
responde a esta pregunta no es un economista
o un gurú moderno, sino un doctor en
ciencias físico matemáticas
y filósofo a la vez. ¿Su nombre?
¡Mario Bunge!
Los
países latinoamericanos esperan concretar
algún día sus sueños
de grandeza. A diferencia de la visión
de desarrollo "hacia adentro" que
tenían en la década de los sesenta,
los tiempos presentes les han mostrado nuevos
retos.
Sus esfuerzos están ahora orientados
hacia el mercado como guía de la economía
en la asignación de recursos, en la
búsqueda de equilibrios macroeconómicos,
en la apertura de la competencia externa,
en el fomento del ahorro, en la promoción
de la inversión extranjera, en el protagonismo
del sector privado en la actividad productiva
y en la redefinición del papel de sus
gobiernos como entes centrales del proceso
de reforma social.
En este proceso de cambios, América
Latina tiene entre otros dilemas a la temida
globalización, que como plato de fondo
plantea el polémico modelo del librecambio
(léase liberalización económica),
donde "unos salen más beneficiados
que otros".
Acostumbrados a oír o tener la visita,
de vez en cuando, de algún gurú
de la economía, fue grato recibir en
el Perú a uno de los más grandes
científicos y humanistas contemporáneos
en el ámbito mundial, autor de numerosos
libros, entre el que destaca uno que es ya
todo un clásico: La ciencia: su método
y su filosofía.
El Dr. Mario Bunge, Premio Príncipe
de Asturias en Comunicación y Humanidades
(1982), quien recientemente recibió
el grado de doctor Honoris Causa por la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, nos habla de
la liberalización económica.
Recurriendo a lo que dice la historia, Bunge
recuerda que los británicos fueron
los grandes campeones del librecambio durante
los dos últimos siglos. Para ellos,
el bien más preciado era efectivamente
la libertad, y como no veían más
opción que esa virtud, la imponían
a la fuerza. Esta es la razón que provocó
las guerras del opio con la China para "libertar"
(abrir) al mercado de
esta droga, cuyo comercio y consumo habían
sido prohibidos por el gobierno chino.
Lo mismo sucedió con la India, lugar
donde los británicos destruyeron los
telares indios y, para evitar el trabajo textil
"negro" (o cuentapropista), les
cortaron los pulgares a los tejedores de Bengala.
No era pues para ellos tolerable que súbditos
tan primitivos como estos les hicieran una
competencia desleal a las avanzadas fábricas
textiles de Manchester y Lancashire. Como
información adicional Bunge agrega
que "el propio Marx dijo que la Historia
(con mayúscula) había elegido
a Gran Bretaña para llevar la civilización
a la India, la que se había estancado
en el modo de producción asiático."
CONCEPTO AMBIGUO
Pero, ¿qué hay de los tiempos
actuales, del "posmodernismo" como
le llaman? Antes, Bunge analiza la trascendencia
que ha tenido el liberalismo en los últimos
años del siglo pasado. Sin embargo,
pese a tratarse de una palabra aparentemente
simple, el filósofo argentino capta
la ambigüedad de su uso actual, ya que
se puede ser liberal en materia económica
sin serlo necesariamente en lo político,
o viceversa.
"Por ejemplo -afirma- el célebre
economista neoclásico Wilfredo Pareto
sostuvo que sólo un Estado fuerte puede
garantizar las llamadas leyes del mercado.
Por esto aplaudió el ascenso del fascismo
italiano, a cambio de lo cual Mussolini lo
nombró senador vitalicio. Medio siglo
más tarde, el general Pinochet eliminó
violentamente las libertades cívicas
en nombre de la libertad irrestricta de empresa.
Su asesor y el de Margaret Thatcher, el profesor
Hayek, explicó que para defender la
libertad económica a veces es preciso
suprimir la libertad política."
Para Bunge resulta claro que las libertades,
como los derechos, pueden entrar en conflicto.
Así, la libertad política que
da la posibilidad de trabajar por la justicia
social, puede trabar el libre mercado. La
libertad de emplear y despedir pone en peligro
la libertad de trabajar. La libertad de comercio
internacional debilita la libertad de la empresa
nativa.
Sobre lo anterior, Bunge se interroga si puede
funcionar o no el librecambio, incluso a escala
global. "Sin duda en la Unión
Europea -aprecia el académico- funciona
bien. Es decir, para bien de todos sus miembros.
Funciona porque es un convenio entre socios
igual de hecho o en potencia".
Así, contempla que durante decenios,
los socios más poderosos de esta empresa,
en particular, Alemania y Francia, subvencionaron
a los más débiles (Portugal
y Grecia) para que todos llegasen a estar
en iguales condiciones. "Eso no se hizo
en el Mercosur, que beneficia a la Argentina
y Brasil, pero no a Uruguay, ni a Paraguay",
dice el humanista citando igualmente el caso
del NAFTA.
¿Y qué hay del ALCA, cuyos beneficios
más importantes se encontrarían
en el desmantelamiento de las restricciones
arancelarias y paraarancelarias en todo el
continente americano, en especial, para los
sectores exportadores de mayor potencial (agroindustria,
pesca para consumo humano directo, elaboración
de prendas de vestir y productos forestales)
mientras que los riesgos provendrían
de los efectos de la apertura total del mercado
doméstico sobre la industria manufacturera?
Bunge, quien ha sido testigo del efecto desastroso
que causó el NAFTA en la industria
canadiense, principalmente en lo cultural
(cine y libro), porque es docente de la McGill
University y vive allí desde 1966,
sostiene que mientras la política librecambista
no tome en cuenta el tema de la libertad entre
iguales, no será alcanzable y sostenible:
"la libertad sólo se consigue
y mantiene entre iguales, así como
la igualdad sólo vale entre partes
libres de luchas por la igualdad".
No obstante, dada la posibilidad de conflicto
entre distintas libertades, para el filósofo,
el liberalismo integral es imposible, por
lo que para combinar las diversas libertades
hay que hacer algunas concesiones.
"Creo -señala Bunge- que una buena
receta para defender las libertades individuales,
políticas, económicas y culturales
es la vieja fórmula de la Revolución
Francesa: Libertad, igualdad, fraternidad.
La libertad sólo es posible entre iguales
y, a su vez, la igualdad es vulnerable sin
fraternidad (o, mejor, solidaridad)."
Si bien el billonario George Soros, en The
Crisis of Global Capitalism, dedica buena
parte de su libro a la filosofía y,
en particular, a la filosofía de la
ciencia, ¿por qué un científico
y humanista, como lo es Mario Bunge, no puede
tratar racionalmente ámbitos ajenos
a los de su actividad académica?
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Por Carlos Gonzales García
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