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Julio 2001 -  No. 2299

Revista 2299

¿Funciona o no el librecambio a escala global? Quien responde a esta pregunta no es un economista o un gurú moderno, sino un doctor en ciencias físico matemáticas y filósofo a la vez. ¿Su nombre? ¡Mario Bunge!

Los países latinoamericanos esperan concretar algún día sus sueños de grandeza. A diferencia de la visión de desarrollo "hacia adentro" que tenían en la década de los sesenta, los tiempos presentes les han mostrado nuevos retos.
Sus esfuerzos están ahora orientados hacia el mercado como guía de la economía en la asignación de recursos, en la búsqueda de equilibrios macroeconómicos, en la apertura de la competencia externa, en el fomento del ahorro, en la promoción de la inversión extranjera, en el protagonismo del sector privado en la actividad productiva y en la redefinición del papel de sus gobiernos como entes centrales del proceso de reforma social.
En este proceso de cambios, América Latina tiene entre otros dilemas a la temida globalización, que como plato de fondo plantea el polémico modelo del librecambio (léase liberalización económica), donde "unos salen más beneficiados que otros".
Acostumbrados a oír o tener la visita, de vez en cuando, de algún gurú de la economía, fue grato recibir en el Perú a uno de los más grandes científicos y humanistas contemporáneos en el ámbito mundial, autor de numerosos libros, entre el que destaca uno que es ya todo un clásico: La ciencia: su método y su filosofía.
El Dr. Mario Bunge, Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades (1982), quien recientemente recibió el grado de doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, nos habla de la liberalización económica.
Recurriendo a lo que dice la historia, Bunge recuerda que los británicos fueron los grandes campeones del librecambio durante los dos últimos siglos. Para ellos, el bien más preciado era efectivamente la libertad, y como no veían más opción que esa virtud, la imponían a la fuerza. Esta es la razón que provocó las guerras del opio con la China para "libertar" (abrir) al mercado de esta droga, cuyo comercio y consumo habían sido prohibidos por el gobierno chino.
Lo mismo sucedió con la India, lugar donde los británicos destruyeron los telares indios y, para evitar el trabajo textil "negro" (o cuentapropista), les cortaron los pulgares a los tejedores de Bengala. No era pues para ellos tolerable que súbditos tan primitivos como estos les hicieran una competencia desleal a las avanzadas fábricas textiles de Manchester y Lancashire. Como información adicional Bunge agrega que "el propio Marx dijo que la Historia (con mayúscula) había elegido a Gran Bretaña para llevar la civilización a la India, la que se había estancado en el modo de producción asiático."


CONCEPTO AMBIGUO
Pero, ¿qué hay de los tiempos actuales, del "posmodernismo" como le llaman? Antes, Bunge analiza la trascendencia que ha tenido el liberalismo en los últimos años del siglo pasado. Sin embargo, pese a tratarse de una palabra aparentemente simple, el filósofo argentino capta la ambigüedad de su uso actual, ya que se puede ser liberal en materia económica sin serlo necesariamente en lo político, o viceversa.
"Por ejemplo -afirma- el célebre economista neoclásico Wilfredo Pareto sostuvo que sólo un Estado fuerte puede garantizar las llamadas leyes del mercado. Por esto aplaudió el ascenso del fascismo italiano, a cambio de lo cual Mussolini lo nombró senador vitalicio. Medio siglo más tarde, el general Pinochet eliminó violentamente las libertades cívicas en nombre de la libertad irrestricta de empresa. Su asesor y el de Margaret Thatcher, el profesor Hayek, explicó que para defender la libertad económica a veces es preciso suprimir la libertad política."
Para Bunge resulta claro que las libertades, como los derechos, pueden entrar en conflicto. Así, la libertad política que da la posibilidad de trabajar por la justicia social, puede trabar el libre mercado. La libertad de emplear y despedir pone en peligro la libertad de trabajar. La libertad de comercio internacional debilita la libertad de la empresa nativa.
Sobre lo anterior, Bunge se interroga si puede funcionar o no el librecambio, incluso a escala global. "Sin duda en la Unión Europea -aprecia el académico- funciona bien. Es decir, para bien de todos sus miembros. Funciona porque es un convenio entre socios igual de hecho o en potencia".
Así, contempla que durante decenios, los socios más poderosos de esta empresa, en particular, Alemania y Francia, subvencionaron a los más débiles (Portugal y Grecia) para que todos llegasen a estar en iguales condiciones. "Eso no se hizo en el Mercosur, que beneficia a la Argentina y Brasil, pero no a Uruguay, ni a Paraguay", dice el humanista citando igualmente el caso del NAFTA.
¿Y qué hay del ALCA, cuyos beneficios más importantes se encontrarían en el desmantelamiento de las restricciones arancelarias y paraarancelarias en todo el continente americano, en especial, para los sectores exportadores de mayor potencial (agroindustria, pesca para consumo humano directo, elaboración de prendas de vestir y productos forestales) mientras que los riesgos provendrían de los efectos de la apertura total del mercado doméstico sobre la industria manufacturera?
Bunge, quien ha sido testigo del efecto desastroso que causó el NAFTA en la industria canadiense, principalmente en lo cultural (cine y libro), porque es docente de la McGill University y vive allí desde 1966, sostiene que mientras la política librecambista no tome en cuenta el tema de la libertad entre iguales, no será alcanzable y sostenible: "la libertad sólo se consigue y mantiene entre iguales, así como la igualdad sólo vale entre partes libres de luchas por la igualdad".
No obstante, dada la posibilidad de conflicto entre distintas libertades, para el filósofo, el liberalismo integral es imposible, por lo que para combinar las diversas libertades hay que hacer algunas concesiones.
"Creo -señala Bunge- que una buena receta para defender las libertades individuales, políticas, económicas y culturales es la vieja fórmula de la Revolución Francesa: Libertad, igualdad, fraternidad. La libertad sólo es posible entre iguales y, a su vez, la igualdad es vulnerable sin fraternidad (o, mejor, solidaridad)."
Si bien el billonario George Soros, en The Crisis of Global Capitalism, dedica buena parte de su libro a la filosofía y, en particular, a la filosofía de la ciencia, ¿por qué un científico y humanista, como lo es Mario Bunge, no puede tratar racionalmente ámbitos ajenos a los de su actividad académica?

* Por Carlos Gonzales García

 

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