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Julio 2001 -  No. 2299

Revista 2299

Pasear por Lima tiene sus ventajas. Visitar algunos centros culturales, cafés, bibliotecas, librerías y determinados lugares nos dan una idea del valor que tiene la cultura para los limeños en general.
José Martí, el insigne escritor cubano solía decir a sus alumnos: "Sed cultos para ser libres", frase que tiene argumentos sólidos para quienes verdaderamente aspiran la libertad en el sentido más lato de la palabra.


VISITA GUIADA
En el cercado hay algunos lugares claves. La Municipalidad hizo bien en colocar algunas bancas en el pasaje de los Escribanos, frente a la Galería "Pancho Fierro" (Plaza Mayor). Cerca de ahí está el Convento de los Dominicos y el viejo local del Correo. La librería San Pablo le ofrece una variedad de títulos, mientras se percibe el penetrante aroma de un negro café o un vino tinto La Rioja en cualquier cafetería de la zona.
El Parque Universitario es otro lugar, pero hay que ingresar a su recinto. Al ingresar, el lector podrá advertir un ambiente propicio para la lectura, mientras observa la pileta, testigo mudo de un sinnúmero de hechos que marcaron hitos en la historia del país. No se sorprenda si a su memoria llegan los recuerdos de Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre, Víctor Andrés Belaunde o Luis Alberto Sánchez. Tal vez, del fundador de la Sociedad Amantes del Perú, Hipólito Unánue o del propio clérigo Toribio Rodríguez de Mendoza.
El Rímac, también es un lugar bueno para leer y meditar. Las Alamedas de los Descalzos o de los Bobos (colinda con la Av. Samuel Alcázar) son lugares apropiados para leer un poco. Sentarse en cualquiera de las bancas de los Descalzos, rodeados de más de docena y media de bustos (de los dioses de la mitología griega), frente al San Cristóbal, es un lugar apropiado para escribir incluso. Imagínese, antaño por esas calles empedradas por los jirones Portuguesa y Trujillo, hasta el Paseo de Aguas, pasaba el carruaje del virrey Manuel de Amat y Junyent, con su adorada "Perricholi" (cuidado, con eso de "perra chola"), Micaela Villegas, la envidia de la Lima señorial del siglo XVI. Luis Alberto Sánchez, decía que el militar español había perdido la cabeza por ella.
También puede pasear por la Plaza Italia, ahora está refaccionada y con seguridad. Por cierto que el cine Italia ya no funciona, pero la pileta sí es la original. Los domingos y días festivos se exhiben platos típicos.
Ah, el barrio chino. ¿La calle Capón? Efectivamente, pero usted dirá que ahí no se puede leer. Es cierto, pero puede entrar a uno de sus chifas y mientras soborea un chaufa de pollo o un tallarín con salsa de chancho con tamarindo, puede ojear un buen libro. Además, el sonido de los gones, le permitirá imaginarse en una de las concurridas calles de la vieja Pekín (Beigin es ahora), el barrio pobre de Hong Kong o los suburbios de Taipei, en Taiwán.
En la Av. Abancay está la Biblioteca Nacional, reconstruida por su director Ricardo Palma, luego que fuera desvastada por los invasores chilenos, quienes quemaron todos sus libros. Uno de los crímenes de mayor impacto a la cultura mundial.
Las iglesias también son un buen recinto para leer un par de hojas. ¡No, ahí no! Espere, ¿conoce la iglesia deSan Francisco o la del Corpus Chris? Ha visto sus conventos, lo espacio que son y aquellos lugares donde uno se puede sentar y leer, mientras sólo se escucha el cantar de los pájaros. Inténtelo.
Si prefiere algo más sofisticado, están los cafés de la otrora Galerías Boza, aquella que comunica a los jirones Unión con Wiese (Carabaya), a pocos metros del antiguo local del diario La Prensa. Probablemente, en esos cafés, Pedro Beltrán escribía sus sesudas críticas contra el gobierno de Manuel Prado.
En más de una ocasión, Violeta Correa de Belaunde, conspicua periodista del diario de Baquíjano, comentó que armaba sus notas ahí, antes de ingresar a la redacción del diario. Qué decir de Sánchez. Si bien es cierto, "El Cordano", era el preferido, los cafés de la galería también estaban entre sus preferencias. Todavía están ahí, aunque sin la prestancia de antaño, pero están.
También Zileri y su equipo, cuando Caretas estaba en el Jr. Camaná, en el tradicional tercer piso del 640, visitado ene veces por la policía y fuerzas armadas, cuando la revista no se rendía a los intereses mezquinos de algunos gobernantes.
Si de leer se trata, aunque Lima no sea la "Ciudad Jardín" de antaño, ni tenga la sombra de las "Tres veces coronada Villa", usted puede elegir el lugar o el motivo para leer o escribir algo.

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