Pasear
por Lima tiene sus ventajas. Visitar algunos centros
culturales, cafés, bibliotecas, librerías
y determinados lugares nos dan una idea del valor
que tiene la cultura para los limeños en
general.
José Martí, el insigne escritor
cubano solía decir a sus alumnos: "Sed
cultos para ser libres", frase que tiene
argumentos sólidos para quienes verdaderamente
aspiran la libertad en el sentido más lato
de la palabra.
VISITA
GUIADA
En
el cercado hay algunos lugares claves. La Municipalidad
hizo bien en colocar algunas bancas en el pasaje
de los Escribanos, frente a la Galería
"Pancho Fierro" (Plaza Mayor). Cerca
de ahí está el Convento de los Dominicos
y el viejo local del Correo. La librería
San Pablo le ofrece una variedad de títulos,
mientras se percibe el penetrante aroma de un
negro café o un vino tinto La Rioja en
cualquier cafetería de la zona.
El Parque Universitario es otro lugar, pero hay
que ingresar a su recinto. Al ingresar, el lector
podrá advertir un ambiente propicio para
la lectura, mientras observa la pileta, testigo
mudo de un sinnúmero de hechos que marcaron
hitos en la historia del país. No se sorprenda
si a su memoria llegan los recuerdos de Raúl
Porras Barrenechea, Jorge Basadre, Víctor
Andrés Belaunde o Luis Alberto Sánchez.
Tal vez, del fundador de la Sociedad Amantes del
Perú, Hipólito Unánue o del
propio clérigo Toribio Rodríguez
de Mendoza.
El Rímac, también es un lugar bueno
para leer y meditar. Las Alamedas de los Descalzos
o de los Bobos (colinda con la Av. Samuel Alcázar)
son lugares apropiados para leer un poco. Sentarse
en cualquiera de las bancas de los Descalzos,
rodeados de más de docena y media de bustos
(de los dioses de la mitología griega),
frente al San Cristóbal, es un lugar apropiado
para escribir incluso. Imagínese, antaño
por esas calles empedradas por los jirones Portuguesa
y Trujillo, hasta el Paseo de Aguas, pasaba el
carruaje del virrey Manuel de Amat y Junyent,
con su adorada "Perricholi" (cuidado,
con eso de "perra chola"), Micaela Villegas,
la envidia de la Lima señorial del siglo
XVI. Luis Alberto Sánchez, decía
que el militar español había perdido
la cabeza por ella.
También puede pasear por la Plaza Italia,
ahora está refaccionada y con seguridad.
Por cierto que el cine Italia ya no funciona,
pero la pileta sí es la original. Los domingos
y días festivos se exhiben platos típicos.
Ah, el barrio chino. ¿La calle Capón?
Efectivamente, pero usted dirá que ahí
no se puede leer. Es cierto, pero puede entrar
a uno de sus chifas y mientras soborea un chaufa
de pollo o un tallarín con salsa de chancho
con tamarindo, puede ojear un buen libro. Además,
el sonido de los gones, le permitirá imaginarse
en una de las concurridas calles de la vieja Pekín
(Beigin es ahora), el barrio pobre de Hong Kong
o los suburbios de Taipei, en Taiwán.
En la Av. Abancay está la Biblioteca Nacional,
reconstruida por su director Ricardo Palma, luego
que fuera desvastada por los invasores chilenos,
quienes quemaron todos sus libros. Uno de los
crímenes de mayor impacto a la cultura
mundial.
Las iglesias también son un buen recinto
para leer un par de hojas. ¡No, ahí
no! Espere, ¿conoce la iglesia de
San
Francisco o la del Corpus Chris? Ha visto sus
conventos, lo espacio que son y aquellos lugares
donde uno se puede sentar y leer, mientras sólo
se escucha el cantar de los pájaros. Inténtelo.
Si prefiere algo más sofisticado, están
los cafés de la otrora Galerías
Boza, aquella que comunica a los jirones Unión
con Wiese (Carabaya), a pocos metros del antiguo
local del diario La Prensa. Probablemente, en
esos cafés, Pedro Beltrán escribía
sus sesudas críticas contra el gobierno
de Manuel Prado.
En más de una ocasión, Violeta Correa
de Belaunde, conspicua periodista del diario de
Baquíjano, comentó que armaba sus
notas ahí, antes de ingresar a la redacción
del diario. Qué decir de Sánchez.
Si bien es cierto, "El Cordano", era
el preferido, los cafés de la galería
también estaban entre sus preferencias.
Todavía están ahí, aunque
sin la prestancia de antaño, pero están.
También Zileri y su equipo, cuando Caretas
estaba en el Jr. Camaná, en el tradicional
tercer piso del 640, visitado ene veces por la
policía y fuerzas armadas, cuando la revista
no se rendía a los intereses mezquinos
de algunos gobernantes.
Si de leer se trata, aunque Lima no sea la "Ciudad
Jardín" de antaño, ni tenga
la sombra de las "Tres veces coronada Villa",
usted puede elegir el lugar o el motivo para leer
o escribir algo.