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Una
reforma estructural pendiente que debe ser
afrontada con decisión y firmeza por
el nuevo gobierno a partir del próximo
28 de julio, es culminar con la reforma del
Estado que implica -entre otros grandes aspectos-
la fusión o eliminación de algunos
de los actuales organismos públicos
y ministerios, convirtiéndolos en entes
mucho más eficaces y expeditivos en
la toma de decisiones, pero, sobretodo, para
evitar la duplicidad de gastos y propender
a la eficiencia en el uso de los recursos
públicos.
La Cámara de Comercio de Lima considera
que este es un tema urgente que inexplicablemente
fue postergado por el gobierno anterior, a
pesar de la serie de estudios y recomendaciones
formuladas tanto en el ámbito nacional
como por los organismos multilaterales, especialmente
el Banco Interamericano de Desarrollo a través
de su "Marco de Referencia para los Programas
de Modernización del Estado y Fortalecimiento
de la Sociedad Civil" y el Banco Mundial
mediante sus "Informes sobre el Desarrollo".
La
mejora de la eficiencia en el manejo de las
finanzas públicas que conlleva la reducción
y reorientación del gasto, es indispensable
en cualquier programa que aspire retomar la
senda del crecimiento, dotar al país
de infraestructura básica allí
donde el sector privado no invierte, mejorar
la atención de la salud, elevar el
nivel educativo y atender al gran número
de nuestros compatriotas que se encuentran
en situación de extrema pobreza.
Se trata de 1'102,622 peruanos para ser más
exactos, de acuerdo a las cifras del nuevo
mapa de la pobreza elaborado por el Fondo
Nacional de Compensación y Desarrollo
Social.
Parte de esta tarea implica trasladar al sector
privado aquellas funciones donde el Estado
no debe actuar no solo por su propia naturaleza
y por su insuficiencia de recursos, sino por
la incapacidad que demostró al hacerlo
y los graves actos de corrupción en
que incurrió.
Una primera ola de esta reforma fue precisamente
la privatización de las empresas públicas,
que también quedó a medias y
que igualmente urge retomar y terminar. Lo
mismo ha sucedido con el programa de concesiones,
que marcha con significativa lentitud.
Pero,
en lo que respecta a la eliminación
o fusión de organismos y ministerios,
no debe haber más demora, pues cada
minuto que pasa le significan al Tesoro Público
millonarias pérdidas que al final de
cuentas somos nosotros, todos los peruanos,
quienes las pagamos con nuestros impuestos.
Más aún, esto último
conlleva a la pérdida o no generación
de empleos productivos en el sector privado.
Hay casos clamorosos de duplicidad de funciones
y falta de coordinación.
Muchas veces diferentes instituciones públicas
han contratado personal, realizado estudios
técnicos y presupuestado construcción
de obras para las mismas localidades, con
lo que eso significa en términos de
recursos, duplicar los gastos.
O la situación de niños de los
comedores populares y clubes de madres que
reciben hasta dos desayunos diarios, uno proporcionado
por el Ministerio de Educación y otro
por el Pronaa, cuando hay otros que no reciben
siquiera un pan por las mañanas.
NUESTRAS
PROPUESTAS
Por
lo expuesto y en consonancia con los mencionados
estudios del BID y el BM sobre la materia,
la Cámara de Comercio de Lima propone
al nuevo gobierno -como planteamiento inicial-,
la recomposición de los actuales ministerios,
sobre la base de la fusión de algunos
y el mantenimiento de otros, de la siguiente
manera:
- Presidencia
del Consejo de Ministros.
- Ministerio
de Economía, Finanzas, Comercio y
Relaciones Comerciales Internacionales.
- Ministerio
de Relaciones Exteriores.
- Ministerio
de Defensa.
- Ministerio
del Interior.
- Ministerio
de Justicia.
- Ministerio
de la Producción (Industria, Agricultura,
Pesquería, Minería y Turismo).
- Ministerio
de Desarrollo Social (Educación,
Salud, Trabajo, de la Mujer y el Desarrollo
Humano).
- Ministerio
de Infraestructura (Energía, Transportes,
Comunicaciones, Vivienda y Construcción).
De
los actuales 16 ministerios (incluyendo la
jefatura del Gabinete Ministerial) se pasaría
a 9. En principio esto permitiría al
presidente de la República sesionar
con menos ministros y tomar decisiones más
rápidas. Pero, además, un significativo
ahorro en personal e infraestructura.
En este contexto, la Cámara de Comercio
de Lima considera central atender otro de
los factores esenciales de esta reforma, cual
es lograr que se eleve el nivel de capacitación
e ingresos de los trabajadores públicos.
La administración pública no
debe seguir siendo la agencia de empleos de
los gobiernos ofuncionarios de turno, donde
el mérito para ingresar sea una tarjeta
de recomendación o un carné
partidario, sino que debe convocar a los profesionales
mejor calificados, que conozcan a profundidad
el tema a que se dediquen.
No basta recortes de gastos coyunturales,
sino emprender de una vez por todas la reforma
integral del Estado, que tampoco será
una acción inmediata sino que comprenderá
todo un proceso de adecuación que tomará
su tiempo, por lo que mientras más
pronto se inicie, mejor.
En este empeño corresponderá
un papel muy importante al nuevo Congreso
de la República, que deberá
actuar con igual decisión y firmeza
para aprobar las leyes que se necesiten.
La Cámara de Comercio de Lima confía
en que la gravedad de la crisis en que se
encuentra el país, sea el acicate para
que nuestras nuevas autoridades, legítimamente
elegidas en comicios irreprochables, cumplan
la misión para la que han sido elegidas.
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