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Abril 2001 -  No. 2298

Revista 2298

 

Por Lic. Alvaro Otero Fernández *

A partir de la presente edición vamos a describir, definir y tratar de asociar conceptos como: El manejo de las crisis en las empresas, decisiones inteligentes, equipos de alta gerencia, equipos de trabajo basados en resultados, gerencia integral, benchmarking, empowerment, coaching y servicio de valor agregado enfocado al cliente.
También, administración eficiente del tiempo, el uso de la inteligencia emocional en el trabajo, capital intelectual, administración por valores, outsourcing, marketing one to one, valor económico agregado, balanced scorecard, paradigmas, planeamiento estratégico, entre otros.

Se entiende por crisis toda perturbación del estado de equilibrio dinámico de empresas económicamente activas, que incide en sus operaciones y, por ende, en los resultados económicos de su gestión.
Las empresas como un sistema estructural, están sujetas a múltiples crisis provenientes de hechos o acontecimientos que suceden dentro o fuera de ellas, como lo es el entorno nacional, regional o internacional.
Así como las personas están sujetas a enfermedades, las empresas también lo están y sólo la diligencia y habilidad de los principales ejecutivos de las empresas servirá para detectar sus incidencias y prevenir las crisis que puedan suceder, o aprovechar las oportunidades que se planteen como la única salida real a los efectos nocivos o benéficos que de ellos puedan resultar.
Las crisis empresariales, independientemente de la coyuntura política y económica del país, se deben a una mala acción u omisión de decisiones acertadas, pero hay hechos que se constituyen en embriones generadores de éstas, como son: falta de capacidad de liderazgo y dirección de la gerencia en las empresas, falta de respuesta rápida y adecuada a los cambios generados en su entorno y necesidad de una definición clara de visión y la misión de ésta.
También, pérdida de competitividad de la propuesta de valor al cliente, uso insistente de una cultura empresarial contraproducente para su normal funcionamiento, estructuras incompatibles para el desarrollo de los negocios, inercia y sedentarismo en el manejo de la empresa.
Hay dos tipos de crisis: las medias y las profundas. La primera, muchas veces proviene de la acumulación de crisis superficiales no resueltas o tratadas de manera inconveniente. Sus efectos económicos negativos aún pueden ser manejables con los recursos propios de la empresa y con la capacidad económica de sus accionistas que aún no han entrado en pérdida de motivación.
En cambio las crisis profundas pueden llegar a producir graves daños, con efectos prolongados e intensos, hasta llegar a la lapidación de las empresas, sus consecuencias económicas adquieren enorme trascendencia y en muchos casos los recursos propios son insuficientes, los accionistas rápidamente caen en depresión, desmotivación y el acceso al crédito financiero y de los proveedores se ve afectado.
Las crisis medias en una escala del 1 al 10 se clasifican de 2.1 a 5 y las crisis profundas en la misma escala están calificadas de 5.1 a 10. El problema radica en la falta de toma de decisiones inteligentes.
TOMA DE DECISIONES
Ante un dilema tenemos que tomar una decisión importante y muchas veces no sabemos qué hacer. Tomar una decisión inteligente es una habilidad fundamental y pese a la importancia que éstas tienen en nuestra vida, pocos somos los que hemos recibido entrenamiento en esta materia, de manera tal que tenemos que aprender a tomar decisiones prácticamente por experiencia.
Un proceso eficaz de toma de decisiones debe satisfacer seis criterios fundamentales:
1. Concentrarse en lo que es importante.
2. En lo que es lógico y consecuente.
3. Saber reconocer los factores tanto subjetivos como objetivos y combinar el pensamiento analítico con el intuitivo.
4. Exigir la cantidad de información y análisis necesarios para resolver un problema específico.
5. Fomentar y guiar la recopilación de información pertinente y de opiniones bien fundadas.
6. Que sea directo, confiable, fácil de aplicar y flexible.
Aunados a los criterios antes mencionados, aquí les entregamos ocho claves para tomar una decisión eficaz:
1.Definir el problema con precisión.
2.Especificar los objetivos.
3.Crear alternativas imaginativas.
4.Entender las consecuencias.
5.Estudiar las transacciones.
6.Aclarar las incertidumbres.
7.Pensar muy bien en su tolerancia del riesgo.
8.Considerar decisiones vinculadas.
Una buena decisión aumenta las probabilidades de éxito, además que se puede tomar una decisión bien meditada, bien pensada, partiendo de un análisis que tome en cuenta las pautas antes mencionadas. Para ello se requerirá del trabajo eficiente del equipo de la Alta Gerencia.

* Asesor y consultor en liderazgo, motivación y servicio al cliente.
E-mail: alvaro-otero@terra.com.pe

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