Por
Lino Valdivia Morales*
En
los últimos cinco años, la existencia
de Internet está generando una corriente
de opinión respecto al hecho de fijar
posiciones en el mercado empresarial frente
a la "nueva economía" y la
economía tradicional. Lo real es que
el término de nueva economía para
muchos desapareció debido a los cracks
financieros producidos durante el año
pasado e inicios del presente.
La "Nueva Economía" del infinito
crecimiento ha quedado desmentida por los hechos,
pero la economía del siglo XXI se parece
muy poco a la de finales del XX, y sigue cambiando.
Está surgiendo una nueva manera de hacer
tratos y con ella una economía verdaderamente
nueva. Una vez más, la invención
y propagación de una herramienta técnica
está cambiando la economía y en
paralelo la sociedad.
En este caso, se trata de una herramienta impalpable:
el protocolo IP, la base que hace posible la
Red. Estamos presenciando la llegada de una
verdadera economía nueva, sin mayúsculas
ni comillas, la economía IP.
Veamos algunos ejemplos de lo que para empresas
tradicionales supone su ingreso con éxito
al mercado de Internet. Carrefour compra Submarino.es.
Los defensores de la "Vieja Economía"
dirían que Submarino tenía mucho
que aprender sobre logística, calidad
de servicio, trato con proveedores, finanzas
y rentabilidad... y de eso Carrefour sabe mucho.
Ahora bien; una comparación de Carrefour.es
con Submarino.es explica la razón de
la compra, que no es el bajo precio actual de
los puntocom. Carrefour necesita los conocimientos
comerciales en Internet de Submarino. No es
un caso único, en las últimas
semanas varios gigantes de la economía
de toda la vida han retocado sus ramas online.
Así Bertelsmann abandona BOL como proyecto
separado y ToysRUs y Borders venden a Amazon
sus puntocoms.
Lo que se viene es más serio que una
disputa terminológica y va mucho más
allá del efecto del cibercomercio. El
verdadero problema no es Amazon.com Lo que se
avecina es una reestructuración profunda
con riesgo de que aparezcan o desaparezcan sectores
enteros, o de que cambien hasta hacerse irreconocibles.
Para sobrevivir en este nuevo entorno, las empresas
tendrán que cambiar su misma estructura
y su funcionamiento. El futuro no es tanto lo
que le ocurra a Amazon.com; si no lo que le
va ha pasar a Repsol-YPF, Carrefour, Televisa,
O'Globo, Walt-Mart o E. Wong y Santa Isabel.
Veamos la banca. Su mayor problema con la Red
no es la nueva competencia (bancos online, bancos
extranjeros). Lo peor es que Internet puede
permitir a algún avispado redefinir el
negocio bancario. Un banco mueve información;
dónde obtener dinero barato, y dónde
venderlo caro.
Alguien podría sustituirles este rol
de intermediación financiera, o reconstruirlo
de tal forma que sea irreconocible. Pensemos
por ejemplo en la amenaza que para las empresas
de tarjetas de crédito suponen las telefónicas
móviles de tercera generación;
con los que se podrán pagar objetos y
servicios vía Internet sin usar la tarjeta.
¿Serán reconocibles Visa, Mastercard
o American Express; cuando estén compitiendo
con Bellsouth, DoCoMo o Telefónica Móviles?
El verdadero impacto de la Red está por
tanto más allá de la aparición
de nuevos productos, mercados y competidores.
Es un asunto casi filosófico que supone
rehacer la esencia de las empresas. No importa
la industria o el tamaño; todas las compañías
deberán ajustar su autodefinición
de lo que son y que tareas clave deben hacer
por sí mismas. Como primer paso, la Red
transforma a las PYME en multinacionales, y
en breve obligará alas multinacionales
a pensar como PYME. Y todas tendrán que
pensar en la Red.
*
Jefe de Marketing de la CCL.