El
pisco peruano, calificado de acuerdo a ley
como "bebida de bandera", es un
producto que gota a gota se "está
agotando". ¿El motivo? La aplicación
de altos impuestos que, paradójicamente,
sin lograr una mayor recaudación, están
desalentando la producción formal e
impulsando la falsificación.
William Temoche, director del Comité
de Importadores y Comerciantes de Vinos, Licores
y otras bebidas de las Cámara de Comercio
de Lima (CCL), denuncia que la elevación
del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), del
20% al 40%, está "acabando"
con uno de nuestros más nobles y representativos
"símbolos patrios", el pisco.
Si bien esta medida está perjudicando
a los importadores de bebidas alcohólicas
como el whisky, ron o vodka, porque favorece
el contrabando; en el caso de los productores
de pisco, el mal no podía ser menor,
pues son testigos de como su mercado se va
poblando de productos adulterados carentes
de registros sanitarios.
Temoche está convencido que los cambios
en las reglas de juego, que tenían
como objetivo una mayor recaudación
fiscal, están ocasionando que muchos
productores artesanales en proceso de formalización,
retornaran al comercio ilegal.
"Incluso restaurantes de muy alto nivel,
con tal de subsistir, optaron por solicitar
pisco a granel, suponiendo que con esa estrategia
iban a estar libres de impuestos. Si se hace
un seguimiento a estos establecimientos, vemos
que la mayoría de ellos, con tal de
no pagar impuestos, compran piscos de muy
buena procedencia pero en bidones, en condiciones
antihigiénicas", afirma el empresario,
quien agrega que hay productores que falsifican
esta bebida utilizando para ello la destilación
de caña de azúcar, dado que
su elaboración constituye en costos,
la tercera parte del valor que representa
un producto hecho en base de uva (el auténtico
pisco).
En los supermercados también uno encuentra
piscos que no están hechos de uva.
Ahí encontramos piscos que por el precio
son imposibles que sean auténticos.
En verdad, no sé cómo han obtenido
su denominación de origen, pero de
repente han sorprendido a las autoridades",
refiere.
Según Temoche, la informalidad y la
falsificación en la producción,
que siempre representó entre 70% y
75% de las ventas nacionales, es en la actualidad
el 90%. Tomando en cuenta estos resultados,
no sorprende que por cada 100 mil litros al
año, 90 mil son falsos, que por cada
botella legal de esa industria, conformada
por alrededor de doce empresas, existan nueve
que no lo son.
Para Temoche el pisco es una bebida que no
tiene capacidad exportadora, por lo tanto,
resulta inadmisible que quiera internacionalizarse
un producto como ese, sobre todo, tomando
en cuenta que en nuestro propio país
queda todo un mercado potencial por explotar.
"En Chile, por ejemplo, donde su ISC
no llega ni al 20%, el 98% del aguardiente
que producen y que denominan pisco se consume
en ese territorio. Ante tales circunstancias,
lo que el Perú debería tomar
en cuenta es lo siguiente: En primer lugar,
aplicar a la industria un impuesto razonable
(10% sería lo más razonable),
combatir al falsificador y, por último,
difundir la cultura de su consumo", dice.
Mientras no se haga esto, el empresario considera
que pensar en la exportación es algo
ilógico, a no ser que estos productos
estén orientados a los mercados internacionales
de Estados Unidos y España, donde el
consumo per cápita de la colonia peruana
es mayor que en el propio país. |