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Abril 2001 -  No. 2297

Revista 2297
Si el sector comercio fuera un paciente, escribiríamos que requiere de un tratamiento especial para reanimarlo. No basta que esté en cuidados intensivos, necesita una intervención de alta y fina cirugía.

El pisco peruano, calificado de acuerdo a ley como "bebida de bandera", es un producto que gota a gota se "está agotando". ¿El motivo? La aplicación de altos impuestos que, paradójicamente, sin lograr una mayor recaudación, están desalentando la producción formal e impulsando la falsificación.

William Temoche, director del Comité de Importadores y Comerciantes de Vinos, Licores y otras bebidas de las Cámara de Comercio de Lima (CCL), denuncia que la elevación del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), del 20% al 40%, está "acabando" con uno de nuestros más nobles y representativos "símbolos patrios", el pisco.

Si bien esta medida está perjudicando a los importadores de bebidas alcohólicas como el whisky, ron o vodka, porque favorece el contrabando; en el caso de los productores de pisco, el mal no podía ser menor, pues son testigos de como su mercado se va poblando de productos adulterados carentes de registros sanitarios.

Temoche está convencido que los cambios en las reglas de juego, que tenían como objetivo una mayor recaudación fiscal, están ocasionando que muchos productores artesanales en proceso de formalización, retornaran al comercio ilegal.

"Incluso restaurantes de muy alto nivel, con tal de subsistir, optaron por solicitar pisco a granel, suponiendo que con esa estrategia iban a estar libres de impuestos. Si se hace un seguimiento a estos establecimientos, vemos que la mayoría de ellos, con tal de no pagar impuestos, compran piscos de muy buena procedencia pero en bidones, en condiciones antihigiénicas", afirma el empresario, quien agrega que hay productores que falsifican esta bebida utilizando para ello la destilación de caña de azúcar, dado que su elaboración constituye en costos, la tercera parte del valor que representa un producto hecho en base de uva (el auténtico pisco).

En los supermercados también uno encuentra piscos que no están hechos de uva. Ahí encontramos piscos que por el precio son imposibles que sean auténticos. En verdad, no sé cómo han obtenido su denominación de origen, pero de repente han sorprendido a las autoridades", refiere.

Según Temoche, la informalidad y la falsificación en la producción, que siempre representó entre 70% y 75% de las ventas nacionales, es en la actualidad el 90%. Tomando en cuenta estos resultados, no sorprende que por cada 100 mil litros al año, 90 mil son falsos, que por cada botella legal de esa industria, conformada por alrededor de doce empresas, existan nueve que no lo son.

Para Temoche el pisco es una bebida que no tiene capacidad exportadora, por lo tanto, resulta inadmisible que quiera internacionalizarse un producto como ese, sobre todo, tomando en cuenta que en nuestro propio país queda todo un mercado potencial por explotar.

"En Chile, por ejemplo, donde su ISC no llega ni al 20%, el 98% del aguardiente que producen y que denominan pisco se consume en ese territorio. Ante tales circunstancias, lo que el Perú debería tomar en cuenta es lo siguiente: En primer lugar, aplicar a la industria un impuesto razonable (10% sería lo más razonable), combatir al falsificador y, por último, difundir la cultura de su consumo", dice.

Mientras no se haga esto, el empresario considera que pensar en la exportación es algo ilógico, a no ser que estos productos estén orientados a los mercados internacionales de Estados Unidos y España, donde el consumo per cápita de la colonia peruana es mayor que en el propio país.

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