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Hace
algunos días tuve en mis manos un documento
que, a mi juicio, resulta interesante para todos
aquellos que estamos imbuidos en la toma de decisiones
gerenciales y que sentimos la necesidad de rejuvenecer
nuestras instituciones.
Editorial Norma, a través del libro: En la
estrategia está el éxito, de Constantinos
C. Markides, nos invita a descubrir las elecciones
estratégicas que un buen gerente debe tomar:
desarrollar una posición estratégica
superior, crear un ambiente organizacional adecuado,
decidir quiénes son nuestros clientes y qué
ofrecerles.
Me permitiré complementar este documento
con algunas experiencias profesionales vividas y
con los importantes logros de otras empresas que
nos permitirán conocer de cerca las estrategias
de éxito y las tácticas más
impactantes.
El vocablo strategos inicialmente se refería
a un nombramiento (del general en jefe de un ejército).
Más tarde pasó a significar "el
arte del General", esto es, las habilidades
psicológicas y el carácter con los
que asumía el papel asignado.
En el campo de la administración, una estrategia
es el patrón o plan que integra las principales
metas y políticas de una organización
y, a la vez, establece la secuencia coherente de
las acciones a realizar.

Una estrategia adecuadamente formulada ayuda a poner
orden y a asignar, sobre la base de sus atributos
y deficiencias internas, los recursos de una organización,
con el fin de lograr una situación viable
y original, así como anticipar los posibles
cambios en el entorno y las acciones imprevistas
de los oponentes inteligentes.
Diseñar una buena estrategia no es una ciencia,
es un arte. Es hacer preguntas inteligentes, explorar
posibles respuestas, ver posibles soluciones y volver
a iniciar todo el proceso cuestionando inclusive
las respuestas a que se llegó hace uno o
dos años.
Pensamiento estratégico eficaz es realizar
preguntas continuas, pensar de manera creativa,
formular más que encontrar una solución,
examinar a fondo el problema, analizarlo y experimentar
con nuevas ideas, dado que esto resulta más
productivo que llevar extensos análisis y
discusiones.
Diseñar entonces una estrategia de éxito
es también una tarea que no termina nunca.
La estrategia de hoy no será necesariamente
la estrategia ganadora de mañana. Para desarrollar
una estrategia que sea superior, se tienen que entender
los principios básicos de la estrategia que
hoy tiene éxito.
Una posición estratégica es la suma
de tres preguntas: a quiénes debo buscar
como clientes, qué productos o servicios
les debo ofrecer, cómo debo hacer esto.
Al fin y al cabo la estrategia es cuestión
de saber elegir y una compañía tendrá
éxito si elige una posición estratégica
que lo distinga de la competencia. La causa más
común de fracaso estratégico es no
hacer elecciones claras y explícitas en cada
una de esas tres dimensiones.
El propósito de la estrategia es evitar que
la competencia afecte en forma adversa sus tácticas.
Por ejemplo, una unidad de servicio a domicilio
de Domino´s Pizza pudo haber sido fácilmente
neutralizada por el líder del mercado Pizza
Hut. Con la estrategia de expandirse como una cadena
de unidades de servicio a domicilio en el ámbito
nacional en los Estados Unidos, Domino´s le
sacó una poderosa tajada a la competencia.

Lo invito a que desarrollemos juntos un cuadro de
elecciones estratégicas. En principio debemos
hacernos la siguiente pregunta: a quiénes
debo buscar como clientes. Para ello determinaremos
en qué negocio estamos, cuál es mi
tamaño de mercado, con qué capacidad
instalada cuento, qué dominio tengo sobre
el conocimiento de mi producto o servicio y qué
participación aspiro tener.
Por ejemplo, en el ejercicio 2001, con esta información
trabajada, la misma que podemos conseguir actualmente
gracias a la Internet, se puede descubrir al detalle
los nombres de los clientes con los cuáles
deseamos trabajar, pudiendo inclusive filtrarlos
y agregar ventas, productos, servicios, márgenes
a fin de medirlos de acuerdo a su nivel de facturación
o status.
Seguidamente nos haremos la siguiente pregunta:
qué productos o servicios deseo ofrecer.
Se entiende que hemos desarrollado nuestro Plan
Comercial del ejercicio y hemos determinado qué
productos y servicios vamos a poner a disposición
de nuestros clientes y prospectos, como la base
de datos ya la tenemos filtrada, agregaremos los
productos y servicios que deseamos ofrecer, indicando
el número de unidades y volumen de negocio
monetario esperado a fin de que esta información
nos permita simular nuestros flujos de caja y trabajar
la información financiera.
Culminaré preguntando cómo debo prestar
estos servicios. Para ello he trabajado con anticipación
un proceso operativo donde conozco a cabalidad mis
tiempos de respuestas, mis canales de distribución,
mis sistemas de información gerencial, un
programa de telemarketing adecuado como complemento
de un marketing directo que me permita fidelizar
a mi cliente en el tiempo y no convertirme en una
empresa de venta de productos o servicios, sino
una empresa de relaciones estables con mi cliente.
Como ejemplo de estrategia tenemos la de Xerox,
que era clara y precisa y tenía límites
definidos. Hizo elecciones críticas en cuanto
a qué clientes buscar (las grandes corporaciones),
qué características del producto destacar
(alta velocidad) y cómo distribuirlo (vendedores
directos y arrendamiento). Estas no fueron elecciones
fáciles y de seguro generaron en la compañía
agitados debates y desacuerdos, pero, al fin, las
decisiones se tomaron y fueron acertadas en su tiempo.
Xerox entonces prosperó porque desarrolló
una posición estratégica distintiva
en su industria, basada en una clientela bien definida,
productos bien definidos y un sistema igualmente
bien definido de distribución de esos productos
a sus clientes.
A lo largo de los años 60 y principios de
los 70. Xerox mantuvo un promedio de rendimiento
sobre inversión de un 20 por ciento.
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Por Mario Galarza Peña
Especialista
en Marketing y Ventas
managementgroup@terra.com.pe
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