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Marzo 2001 -  No. 2296

Revista 2296


Entrevista de Carlos Gonzales García


Desde este mes comenzó a regir la ley que obliga la utilización de la modalidad de conciliación extrajudicial en Lima y Callao. La medida busca reducir la litigiosidad y desterrar la "industria" del juicio en materia de asuntos civiles, comerciales y familiares.

Carlos Ruska Maguiña, coordinador general del Proyecto USAID-Cámara de Comercio de Lima, es un firme convencido que la conciliación es una tendencia de todos los estados modernos que buscan ahorrar costos y tiempo.

Por tal motivo, desde 1998 está trabajando con otros especialistas en la difusión de este mecanismo en los centros de conciliación y arbitraje integrantes de la Red Nacional de Cámaras de Comercio.

Estos esfuerzos ya comenzaron a rendir sus primeros frutos. Desde el 2 de noviembre del año pasado, fue establecida, de manera "piloto", la obligatoriedad de este importante mecanismo en Trujillo, Arequipa y el norte chico de Lima, mientras que desde el primero de este mes, la conciliación extrajudicial se aplica en Lima y Callao, zonas que concentran la mayor cantidad de carga procesal en los juzgados.

Para el Dr. Ruska, el empresario, que por alguna razón tenga que recurrir a los tribunales, debería hacer uso de esta herramienta que es más económica y no demora tanto.


¿Cómo aprecia Ud. la cultura de la conciliación en el Perú?

Definitivamente no hemos alcanzado el mismo grado de desarrollo de otras partes cercanas a nuestra realidad. En Colombia, por ejemplo, se ve un importante trabajo realizado por las cámaras de comercio.

¿Cuáles son las principales trabas a las que se enfrenta?
Son varios los factores, tanto del Estado como de la Sociedad Civil. Creo que la principal causa que no ha hecho posible un mayor desarrollo, a pesar de los grandes esfuerzos que hemos venido realizando, ha sido porque no hay una clara decisión política de impulsar, mecanismos alternativos como este.

Otro factor es la excesiva litigiosidad que nos caracteriza. Estamos acostumbrados a entrar en una suerte de "competencia " permanente, donde finalmente hay un ganador, aunque por lo general podríamos hablar de perdedores. Lo que queremos buscar es un cambio de mentalidad hacia formas resolutivas o de mayor colaboración.

¿De acuerdo a su experiencia de trabajo, cuáles son los casos más difíciles de conciliar?

Es un poco difícil de señalar. Los grados de dificultad se pueden presentar frente a distintas materias. Depende un poco de la voluntad de las partes, de cómo se llegue a la mesa de conciliación para entablar este proceso de negociación asistida.
Sin embargo, yo creo que los temas de familia son los más delicados y requieren incluso una preparación mayor de parte de los conciliadores. A pesar de eso, este problema no es exclusivo de esta clase de casos.

¿En términos estadísticos, qué alcance tiene la conciliación es estos últimos dos años?

Hemos llegado, entre Lima y el interior del país, a unas 8,500 personas y en los cursos de formación de conciliadores, aproximadamente a un 10% de ese universo. Es decir, a unas 850 personas. Creo que si uno ve el principio, hace dos años atrás, y lo compara con el día de hoy, notará un gran avance. Además, hemos notado una mayor preocupación de la prensa por tratar este asunto.

¿Cuántos son los casos que pudieron resolver?
No tenemos una base de datos que pueda servirnos para medir cuál ha sido el impacto de este proyecto en relación a los casos de conciliación atendidos. Solo tengo conocimiento, que en cuatro o cinco cámaras de la Red se han presentado alrededor de 78 solicitudes. Recordemos que es un tema nuevo y la gente todavía no le tiene demasiada confianza.

Sin embargo, debo destacar que en la Cámara de Comercio de Lima, la parte de arbitraje se ha desarrollado con mucha fuerza. Actualmente, es el centro líder en este mecanismo en todo el Perú. Pero, en la parte previa a la arbitral, hay una audiencia de conciliación, y en esta etapa se han logrado acuerdos en aproximadamente el 15% de los 182 ó 183 casos presentados. No es algo significativo, pero en realidad no deberíamos preocuparnos mucho por los aspecto cuantitativos, sino por los cualitativos, vale decir, por la calidad de los acuerdos, en ver si en efecto estos llegaron a cumplirse o no.

¿En ese aspecto, cuál es el rol de las cámaras de comercio?
El papel que juegan es importantísimo porque su origen se remonta a la edad media, cuando las asociaciones de comerciantes tenían entre sus objetivos el tratar de solucionar los conflictos que se presentaban entre ellos, mediante el arbitraje y otros.

¿Cuáles son esos beneficios?
En primer lugar es un tema de costos. Definitivamente, es más económico ir a un procedimiento de este tipo, el cual puede durar hasta 30 días o un poco más, pero de ninguna manera dos o tres años como puede ocurrir en el Poder Judicial. Esto es sumamente valioso pues el hombre de negocios de hoy requiere de soluciones rápidas.

En segundo lugar, mejora las relaciones entre las partes, donde todos ganan, porque no hay una división entre ganadores y perdedores. Tenemos pues un excelente mecanismo, que mediante el diálogo y la colaboración, puede lograr que se logren acuerdos con la ayuda de un conciliador, que es una persona neutral, imparcial, pero que ayuda a las partes en todo este proceso.

¿En el plano educativo qué se está haciendo?

Ese es un tema a tratar en el futuro. No obstante, creo ya, que de las más de 40 facultades de derecho que hay en el país, estimo que alrededor del 50% deben tener por lo menos un curso, aunque sea electivo, relacionado con temas de negociación, conciliación o arbitraje. Creo que así como a la carrera de abogado, este tipo de materias debe expandirse hacia otras profesiones.

¿Qué planes desarrollarán próximamente?
Ya hemos llegado a las cámaras de Piura, La Libertad, Loreto, Santa, Huánuco, Huancayo, Arequipa, Tacna e Ica. Ahora la idea es llegar a las cámaras de Ayacucho, Lambayeque, Cajamarca, Huaraz, Cuzco, San Martín, Puno y Ucayali.
Esto sería sumamente importante para formar la gran Red Nacional de Centros de Conciliación y Arbitraje. Ese es el futuro que nos queda.

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