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Entrevista
de Carlos Gonzales García
Desde este mes comenzó
a regir la ley que obliga la utilización
de la modalidad de conciliación extrajudicial
en Lima y Callao. La medida busca reducir la litigiosidad
y desterrar la "industria" del juicio
en materia de asuntos civiles, comerciales y familiares.
Carlos
Ruska Maguiña, coordinador general
del Proyecto USAID-Cámara de Comercio
de Lima, es un firme convencido que la conciliación
es una tendencia de todos los estados modernos
que buscan ahorrar costos y tiempo.
Por tal motivo, desde 1998 está trabajando
con otros especialistas en la difusión
de este mecanismo en los centros de conciliación
y arbitraje integrantes de la Red Nacional
de Cámaras de Comercio.
Estos esfuerzos ya comenzaron a rendir sus
primeros frutos. Desde el 2 de noviembre del
año pasado, fue establecida, de manera
"piloto", la obligatoriedad de este
importante mecanismo en Trujillo, Arequipa
y el norte chico de Lima, mientras que desde
el primero de este mes, la conciliación
extrajudicial se aplica en Lima y Callao,
zonas que concentran la mayor cantidad de
carga procesal en los juzgados.
Para el Dr. Ruska, el empresario, que por
alguna razón tenga que recurrir a los
tribunales, debería hacer uso de esta
herramienta que es más económica
y no demora tanto.
¿Cómo aprecia Ud. la cultura
de la conciliación en el Perú?
Definitivamente no hemos alcanzado el mismo
grado de desarrollo de otras partes cercanas
a nuestra realidad. En Colombia, por ejemplo,
se ve un importante trabajo realizado por
las cámaras de comercio.
¿Cuáles
son las principales trabas a las que se enfrenta?
Son varios los factores, tanto del Estado
como de la Sociedad Civil. Creo que la principal
causa que no ha hecho posible un mayor desarrollo,
a pesar de los grandes esfuerzos que hemos
venido realizando, ha sido porque no hay una
clara decisión política de impulsar,
mecanismos alternativos como este.
Otro factor es la excesiva litigiosidad que
nos caracteriza. Estamos acostumbrados a entrar
en una suerte de "competencia "
permanente, donde finalmente hay un ganador,
aunque por lo general podríamos hablar
de perdedores. Lo que queremos buscar es un
cambio de mentalidad hacia formas resolutivas
o de mayor colaboración.
¿De acuerdo a
su experiencia de trabajo, cuáles son
los casos más difíciles de conciliar?
Es un poco difícil de señalar.
Los grados de dificultad se pueden presentar
frente a distintas materias. Depende un poco
de la voluntad de las partes, de cómo
se llegue a la mesa de conciliación
para entablar este proceso de negociación
asistida.
Sin embargo, yo creo que los temas de familia
son los más delicados y requieren incluso
una preparación mayor de parte de los
conciliadores. A pesar de eso, este problema
no es exclusivo de esta clase de casos.

¿En
términos estadísticos, qué
alcance tiene la conciliación es estos
últimos dos años?
Hemos llegado, entre Lima y el interior del
país, a unas 8,500 personas y en los
cursos de formación de conciliadores,
aproximadamente a un 10% de ese universo.
Es decir, a unas 850 personas. Creo que si
uno ve el principio, hace dos años
atrás, y lo compara con el día
de hoy, notará un gran avance. Además,
hemos notado una mayor preocupación
de la prensa por tratar este asunto.
¿Cuántos
son los casos que pudieron resolver?
No tenemos una base de datos que pueda servirnos
para medir cuál ha sido el impacto
de este proyecto en relación a los
casos de conciliación atendidos. Solo
tengo conocimiento, que en cuatro o cinco
cámaras de la Red se han presentado
alrededor de 78 solicitudes. Recordemos que
es un tema nuevo y la gente todavía
no le tiene demasiada confianza.
Sin embargo, debo destacar que en la Cámara
de Comercio de Lima, la parte de arbitraje
se ha desarrollado con mucha fuerza. Actualmente,
es el centro líder en este mecanismo
en todo el Perú. Pero, en la parte
previa a la arbitral, hay una audiencia de
conciliación, y en esta etapa se han
logrado acuerdos en aproximadamente el 15%
de los 182 ó 183 casos presentados.
No es algo significativo, pero en realidad
no deberíamos preocuparnos mucho por
los aspecto cuantitativos, sino por los cualitativos,
vale decir, por la calidad de los acuerdos,
en ver si en efecto estos llegaron a cumplirse
o no.
¿En
ese aspecto, cuál es el rol de las
cámaras de comercio?
El papel que juegan es importantísimo
porque su origen se remonta a la edad media,
cuando las asociaciones de comerciantes tenían
entre sus objetivos el tratar de solucionar
los conflictos que se presentaban entre ellos,
mediante el arbitraje y otros.
¿Cuáles
son esos beneficios?
En primer lugar es un tema de costos. Definitivamente,
es más económico ir a un procedimiento
de este tipo, el cual puede durar hasta 30
días o un poco más, pero de
ninguna manera dos o tres años como
puede ocurrir en el Poder Judicial. Esto es
sumamente valioso pues el hombre de negocios
de hoy requiere de soluciones rápidas.
En segundo lugar, mejora las relaciones entre
las partes, donde todos ganan, porque no hay
una división entre ganadores y perdedores.
Tenemos pues un excelente mecanismo, que mediante
el diálogo y la colaboración,
puede lograr que se logren acuerdos con la
ayuda de un conciliador, que es una persona
neutral, imparcial, pero que ayuda a las partes
en todo este proceso.
¿En
el plano educativo qué se está
haciendo?
Ese es un tema a tratar en el futuro. No obstante,
creo ya, que de las más de 40 facultades
de derecho que hay en el país, estimo
que alrededor del 50% deben tener por lo menos
un curso, aunque sea electivo, relacionado
con temas de negociación, conciliación
o arbitraje. Creo que así como a la
carrera de abogado, este tipo de materias
debe expandirse hacia otras profesiones.
¿Qué
planes desarrollarán próximamente?
Ya hemos llegado a las cámaras de Piura,
La Libertad, Loreto, Santa, Huánuco,
Huancayo, Arequipa, Tacna e Ica. Ahora la
idea es llegar a las cámaras de Ayacucho,
Lambayeque, Cajamarca, Huaraz, Cuzco, San
Martín, Puno y Ucayali.
Esto sería sumamente importante para
formar la gran Red Nacional de Centros de
Conciliación y Arbitraje. Ese es el
futuro que nos queda.
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