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Marzo 2001 -  No. 2296

Revista 2296

Por Augusto Pérez-Rosas Cáceres *

Si deseamos convertirnos en una organización que aprende, es decir, una organización inteligente, abierta al aprendizaje, quizá debemos comenzar por preguntarnos a nosotros mismos: ¿Qué podemos hacer para que nuestro trabajo sea más efectivo?, ¿Cuáles son los puntos claves que hemos aprendido o qué necesitamos aprender?, ¿Cómo podemos potenciar nuestro aprendizaje, documentarlo y transferirlo a otros?, ¿Cómo se organiza, se produce o se gestiona el conocimiento en la organización?, ¿Qué sistemas existen en las empresa, que favorezcan los aprendizajes significativos?.

Partir de nosotros mismos, de lo privado a lo colectivo, permitirá desarrollar progresivamente una disposición interna hacia el aprendizaje y la cultura de aprendizaje.

Las organizaciones que aprenden son aquellas que se basan en el aprendizaje y no en el rendimiento; entienden por aprendizaje a la forma idónea para mejorar a largo plazo. Por ello invierten en el aprendizaje, definiendo cuatro factores contextuales en este proceso: la cultura organizacional, la estrategia, la estructura y el ambiente.

Una organización que aprende es una institución capaz de generar aprendizajes significativos para dar respuestas eficaces a las necesidades internas y del entorno. Los equipos son vistos como socios de aprendizaje, muestran apertura y buena disposición para el aprendizaje organizacional e individual.

Una organización que aprende elabora para cada empleado, con la participación de éste, un mapa de competencias que no es otra cosa, que lo que el empleado debe saber para generar un valor superior para los clientes. Disponen de salones de aprendizaje, donde el personal puede leer y consultar libros, revistas especializadas; Tv-VHS, CD rooms, computadoras conectadas a Internet y otros recursos de aprendizaje. En dichas organizaciones la lectura es una fuente de aprendizaje a través de grupos de lectura, estudio e investigación.

LA LECTURA

Una de las técnicas de trabajo intelectual más importantes a lo largo de la vida es la lectura. Efectivamente, la lectura es uno de los pilares más importantes sobre los que se basa el estudio y el aprendizaje organizacional; es la aptitud más necesaria para aprender.

Puesto que la lectura como función mental de la fase receptiva del aprendizaje, desempeña un papel importante en la labor de todo aprendiz; está claro que éste saldrá ganando si aprende a leer más rápidamente y con mejor comprensión.

La lectura es, además una habilidad, una destreza y competencia en la formación intelectual. La ciencia llega a nosotros, principalmente, a través de la letra impresa, a pesar de la importancia de la alta tecnología. Se ha dicho que la lectura es para la mente lo que el ejercicio para el cuerpo, de ahí la importancia de convertirse en lectores habilidosos y competentes, y poseer un alto nivel en hábitos lectores.

Leer es entender lo que el autor de una expresión quiso decir con ella , o lo que es igual, leer consiste en entablar un coloquio con el autor. Efectivamente, leer un libro es dialogar con su autor, es ponerse en actitud de comprender, de retener y de responder. En suma, es contrastar las propias ideas con las ideas del autor. Solo hay verdadera y plena lectura cuando se comprende el discurso que el autor quiso expresar. Y comprender requiere reflexión, concentración y capacidad mental; actitud de recibir, interés activo, diálogo y crítica. Buen lector es el que tiene una actitud positiva hacia la lectura, y además, lee de prisa, entendiendo lo que lee.

Por eso, las cualidades del buen lector se refieren a dos aspectos fundamentales de la lectura: la velocidad lectora y la comprensión lectora. Disponer de estas dos competencias exige un entrenamiento en la metodología de lectura rápida.

La lectura rápida es una metodología pedagógica moderna, pero no nueva. Sus orígenes se remontan a 1824, cuando el fisiólogo P.Flourens descubre que las aves mueven los ojos a sacudidas y ven cuando los inmovilizan. En 1877, el oftalmólogo E. Javal comprueba que el ser humano mira como el ave y que realiza el proceso de la lectura a través de una sucesión de pequeños movimientos oculares.

La lectura, por lo tanto, no comporta un suave deslizarse de los ojos sobre las líneas, sino un proceso de pausas y desplazamientos. Estas pausas constituyen fijaciones o puntos de fijación durante las cuales se opera la percepción visual; los desplazamientos representan los saltos de ojos, horizontales o verticales, de un punto de fijación a otro. Estos descubrimientos sirvieron para poner al lector frente a unas fortalezas. Es así como las investigaciones se multiplican, y durante la Segunda Guerra Mundial se alinea en métodos que desarrollan la agilidad visual, la amplitud visual o visión periférica, la velocidad y aumentan el rendimiento de los procesos de lectura.

Los lectores rápidos son usualmente los que comprenden mejor. Además, un buen lector va uniendo rápidamente conceptos e ideas para formar unidades más amplias y coherentes de principio a fin de párrafo; mientras que un lector lento, cuando llega a mitad de párrafo, ha olvidado la idea inicial y debe retroceder una y otra vez.
La velocidad lectora puede mejorar hasta en un 100%. Para lograrlo es preciso:
1. Esforzarse por leer con la mayor rapidez posible.
2. Ajustar la velocidad a la dificultad del texto.
3. Leer de forma activa y sin pronunciar, buscando las ideas.
4. Reducir el número de fijaciones por línea.
5. Suprimir las regresiones.

La comprensión lectora es entender las ideas expresadas por el autor, y comprender el mayor número de ideas en el menor tiempo posible. La comprensión lectora puede mejorar mucho si se ejercita. Para conseguirlo es preciso: a). leer las ideas, no las palabras; b). cuidar el vocabulario; y c). fijarse en los gráficos, ilustraciones y sinopsis.

En conclusión, una vasta experiencia se ha encargado de demostrar que un lector medio, que lee del orden de 200 palabras por minuto, puede triplicar esa velocidad y elevar la comprensión sobre 70% con el entrenamiento de un curso intensivo.

* Presidente del Sub-comité de Material Educativo Didáctico y Equipos para la Enseñanza de la Cámara de Comercio de Lima y Profesor de Executive MBA de la Universidad San Ignacio de Loyola. E-mail: aperez-rosas@mail.mba-sil.

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