|
Por
Augusto Pérez-Rosas Cáceres *
Si
deseamos convertirnos en una organización
que aprende, es decir, una organización inteligente,
abierta al aprendizaje, quizá debemos comenzar
por preguntarnos a nosotros mismos: ¿Qué
podemos hacer para que nuestro trabajo sea más
efectivo?, ¿Cuáles son los puntos
claves que hemos aprendido o qué necesitamos
aprender?, ¿Cómo podemos potenciar
nuestro aprendizaje, documentarlo y transferirlo
a otros?, ¿Cómo se organiza, se produce
o se gestiona el conocimiento en la organización?,
¿Qué sistemas existen en las empresa,
que favorezcan los aprendizajes significativos?.

Partir de nosotros mismos, de lo privado a lo colectivo,
permitirá desarrollar progresivamente una
disposición interna hacia el aprendizaje
y la cultura de aprendizaje.
Las organizaciones que aprenden son aquellas que
se basan en el aprendizaje y no en el rendimiento;
entienden por aprendizaje a la forma idónea
para mejorar a largo plazo. Por ello invierten en
el aprendizaje, definiendo cuatro factores contextuales
en este proceso: la cultura organizacional, la estrategia,
la estructura y el ambiente.
Una organización que aprende es una institución
capaz de generar aprendizajes significativos para
dar respuestas eficaces a las necesidades internas
y del entorno. Los equipos son vistos como socios
de aprendizaje, muestran apertura y buena disposición
para el aprendizaje organizacional e individual.
Una organización que aprende elabora para
cada empleado, con la participación de éste,
un mapa de competencias que no es otra cosa, que
lo que el empleado debe saber para generar un valor
superior para los clientes. Disponen de salones
de aprendizaje, donde el personal puede leer y consultar
libros, revistas especializadas; Tv-VHS, CD rooms,
computadoras conectadas a Internet y otros recursos
de aprendizaje. En dichas organizaciones la lectura
es una fuente de aprendizaje a través de
grupos de lectura, estudio e investigación.
LA LECTURA
Una de las técnicas de trabajo intelectual
más importantes a lo largo de la vida es
la lectura. Efectivamente, la lectura es uno de
los pilares más importantes sobre los que
se basa el estudio y el aprendizaje organizacional;
es la aptitud más necesaria para aprender.
Puesto que la lectura como función mental
de la fase receptiva del aprendizaje, desempeña
un papel importante en la labor de todo aprendiz;
está claro que éste saldrá
ganando si aprende a leer más rápidamente
y con mejor comprensión.
La lectura es, además una habilidad, una
destreza y competencia en la formación intelectual.
La ciencia llega a nosotros, principalmente, a través
de la letra impresa, a pesar de la importancia de
la alta tecnología. Se ha dicho que la lectura
es para la mente lo que el ejercicio para el cuerpo,
de ahí la importancia de convertirse en lectores
habilidosos y competentes, y poseer un alto nivel
en hábitos lectores.
Leer es entender lo que el autor de una expresión
quiso decir con ella , o lo que es igual, leer consiste
en entablar un coloquio con el autor. Efectivamente,
leer un libro es dialogar con su autor, es ponerse
en actitud de comprender, de retener y de responder.
En suma, es contrastar las propias ideas con las
ideas del autor. Solo hay verdadera y plena lectura
cuando se comprende el discurso que el autor quiso
expresar. Y comprender requiere reflexión,
concentración y capacidad mental; actitud
de recibir, interés activo, diálogo
y crítica. Buen lector es el que tiene una
actitud positiva hacia la lectura, y además,
lee de prisa, entendiendo lo que lee.
Por eso, las cualidades del buen lector se refieren
a dos aspectos fundamentales de la lectura: la velocidad
lectora y la comprensión lectora. Disponer
de estas dos competencias exige un entrenamiento
en la metodología de lectura rápida.
La lectura rápida es una metodología
pedagógica moderna, pero no nueva. Sus orígenes
se remontan a 1824, cuando el fisiólogo P.Flourens
descubre que las aves mueven los ojos a sacudidas
y ven cuando los inmovilizan. En 1877, el oftalmólogo
E. Javal comprueba que el ser humano mira como el
ave y que realiza el proceso de la lectura a través
de una sucesión de pequeños movimientos
oculares.
La lectura, por lo tanto, no comporta un suave deslizarse
de los ojos sobre las líneas, sino un proceso
de pausas y desplazamientos. Estas pausas constituyen
fijaciones o puntos de fijación durante las
cuales se opera la percepción visual; los
desplazamientos representan los saltos de ojos,
horizontales o verticales, de un punto de fijación
a otro. Estos descubrimientos sirvieron para poner
al lector frente a unas fortalezas. Es así
como las investigaciones se multiplican, y durante
la Segunda Guerra Mundial se alinea en métodos
que desarrollan la agilidad visual, la amplitud
visual o visión periférica, la velocidad
y aumentan el rendimiento de los procesos de lectura.
Los lectores rápidos son usualmente los que
comprenden mejor. Además, un buen lector
va uniendo rápidamente conceptos e ideas
para formar unidades más amplias y coherentes
de principio a fin de párrafo; mientras que
un lector lento, cuando llega a mitad de párrafo,
ha olvidado la idea inicial y debe retroceder una
y otra vez.
La velocidad lectora puede mejorar hasta en un 100%.
Para lograrlo es preciso:
1. Esforzarse por leer con la mayor rapidez posible.
2. Ajustar la velocidad a la dificultad del texto.
3. Leer de forma activa y sin pronunciar, buscando
las ideas.
4. Reducir el número de fijaciones por línea.
5. Suprimir las regresiones.
La comprensión lectora es entender las ideas
expresadas por el autor, y comprender el mayor número
de ideas en el menor tiempo posible. La comprensión
lectora puede mejorar mucho si se ejercita. Para
conseguirlo es preciso: a). leer las ideas, no las
palabras; b). cuidar el vocabulario; y c). fijarse
en los gráficos, ilustraciones y sinopsis.
En conclusión, una vasta experiencia se ha
encargado de demostrar que un lector medio, que
lee del orden de 200 palabras por minuto, puede
triplicar esa velocidad y elevar la comprensión
sobre 70% con el entrenamiento de un curso intensivo.
*
Presidente del Sub-comité de Material Educativo
Didáctico y Equipos para la Enseñanza
de la Cámara de Comercio de Lima y Profesor
de Executive MBA de la Universidad San Ignacio de
Loyola. E-mail: aperez-rosas@mail.mba-sil.
|