 |
En
España, cuando hablamos del "desastre
del 98" nos referimos a los sucesos que tuvieron
lugar a finales del siglo XIX: una fuerte crisis
económica, política y social acompañada
por el florecimiento de una extraordinaria generación
literaria, la generación del 98.
Un siglo más tarde, el mundo se enfrentaba
en 1998 a un inusitado desplome de los mercados
financieros tras la crisis rusa y a un temor generalizado
a la recesión mundial, a la deflación
e incluso a una repetición de la Gran Depresión
de 1929.
Las grandes bolsas mundiales cayeron más
de un 30 % y el precio de los bonos repuntó
hasta alcanzarse una rentabilidad del 4.5% en EE.UU.
y del 3.9% en Alemania, todo ello en vísperas
del nacimiento del euro.
Al comenzar el año 2001 se vuelve a respirar
un ambiente parecido. Los mismos analistas que hace
apenas cinco meses alertaban sobre el riesgo inflacionista
derivado de un mercado de trabajo estadounidense
muy tensionado y pedían subidas agresivas
de tasas de interés a la Reserva Federal,
hoy anuncian la recesión norteamericana y
la hecatombe mundial. Los mismos que defendían
el fin de los ciclos y el "carácter
eterno" de la "nueva economía",
hoy la desprecian e incluso reniegan de su brillante
pasado, "p@sado.com", por supuesto.
Hay algunas diferencias entre la situación
actual y la de 1998. Algunas son desfavorables y
hacen que la situación actual sea más
complicada. Pero otras juegan a favor de la situación
actual. Los precios de las materias primas se encontraban
en octubre de 1998 en mínimos históricos
y hoy se encuentran un 20 % más altos.
Hay cosas que están mejor. El fenómeno
del crecimiento de la productividad asociado a la
sociedad del conocimiento sigue robusto, a pesar
de la corrección de los valores tecnológicos,
el desplome del Nasdaq y que la nueva economía
haya pasado de moda. La productividad norteamericana
crecía un 2,6% en 1998 y hoy lo hace a un
4,6%. La competencia ha aumentado, el comercio mundial
sigue vigoroso, el sistema financiero internacional
se mantiene estable. La situación de los
países emergentes no es comparable a la de
1998. Los episodios de inestabilidad de Turquía
y Argentina se han superado con una intervención
más rápida e inteligente por parte
del FMI y el resto de los organismos multilaterales.
La Reserva Federal ha bajado 50 puntos básicos
y podría hacerlo en otros 100 puntos si la
situación lo requiriese, sin poner en peligro
el panorama inflacionista. El margen de actuación
de la política fiscal es también elevado.
Con un superávit del 2,6 % del PIB, los Estados
Unidos se pueden permitir un recorte de impuestos
de US$ 275 mil millones en un año, manteniendo
el presupuesto equilibrado.
Incluso sin efectos multiplicadores sobre la producción
mundial, dicho recorte equivaldría a la mitad
de la renta nacional de México.
Si se repite el "síndrome del 98",
aunque esta vez sea más profundo y duradero
y requiera una actuación más decidida
de las políticas económicas, dentro
de unos meses podremos volver a ver unos mercados
boyantes y escuchar a unos analistas pidiendo mano
dura a la FED para "evitar excesos" y
"atajar las tensiones inflacionistas".
Cosas del siglo pasado...
*Director de Estudios
Económicos del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.