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Febrero  2001 -  No. 2295

Revista 2295
Por: Miguel Sebastián *

 

En España, cuando hablamos del "desastre del 98" nos referimos a los sucesos que tuvieron lugar a finales del siglo XIX: una fuerte crisis económica, política y social acompañada por el florecimiento de una extraordinaria generación literaria, la generación del 98.

Un siglo más tarde, el mundo se enfrentaba en 1998 a un inusitado desplome de los mercados financieros tras la crisis rusa y a un temor generalizado a la recesión mundial, a la deflación e incluso a una repetición de la Gran Depresión de 1929.

Las grandes bolsas mundiales cayeron más de un 30 % y el precio de los bonos repuntó hasta alcanzarse una rentabilidad del 4.5% en EE.UU. y del 3.9% en Alemania, todo ello en vísperas del nacimiento del euro.

Al comenzar el año 2001 se vuelve a respirar un ambiente parecido. Los mismos analistas que hace apenas cinco meses alertaban sobre el riesgo inflacionista derivado de un mercado de trabajo estadounidense muy tensionado y pedían subidas agresivas de tasas de interés a la Reserva Federal, hoy anuncian la recesión norteamericana y la hecatombe mundial. Los mismos que defendían el fin de los ciclos y el "carácter eterno" de la "nueva economía", hoy la desprecian e incluso reniegan de su brillante pasado, "p@sado.com", por supuesto.

Hay algunas diferencias entre la situación actual y la de 1998. Algunas son desfavorables y hacen que la situación actual sea más complicada. Pero otras juegan a favor de la situación actual. Los precios de las materias primas se encontraban en octubre de 1998 en mínimos históricos y hoy se encuentran un 20 % más altos.

Hay cosas que están mejor. El fenómeno del crecimiento de la productividad asociado a la sociedad del conocimiento sigue robusto, a pesar de la corrección de los valores tecnológicos, el desplome del Nasdaq y que la nueva economía haya pasado de moda. La productividad norteamericana crecía un 2,6% en 1998 y hoy lo hace a un 4,6%. La competencia ha aumentado, el comercio mundial sigue vigoroso, el sistema financiero internacional se mantiene estable. La situación de los países emergentes no es comparable a la de 1998. Los episodios de inestabilidad de Turquía y Argentina se han superado con una intervención más rápida e inteligente por parte del FMI y el resto de los organismos multilaterales.

La Reserva Federal ha bajado 50 puntos básicos y podría hacerlo en otros 100 puntos si la situación lo requiriese, sin poner en peligro el panorama inflacionista. El margen de actuación de la política fiscal es también elevado. Con un superávit del 2,6 % del PIB, los Estados Unidos se pueden permitir un recorte de impuestos de US$ 275 mil millones en un año, manteniendo el presupuesto equilibrado.

Incluso sin efectos multiplicadores sobre la producción mundial, dicho recorte equivaldría a la mitad de la renta nacional de México.

Si se repite el "síndrome del 98", aunque esta vez sea más profundo y duradero y requiera una actuación más decidida de las políticas económicas, dentro de unos meses podremos volver a ver unos mercados boyantes y escuchar a unos analistas pidiendo mano dura a la FED para "evitar excesos" y "atajar las tensiones inflacionistas". Cosas del siglo pasado...


*Director de Estudios Económicos del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

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