"Más
allá de la superficie de las cosas
es que las cosas están y la superficie
es sólo eso, la superficie".
Con estas palabras que expresan su forma
de concebir la vida, José Saramago
(Azinhaga, Portugal, 1922) Premio Nobel
de Literatura 1998 pasó por Lima,
dejándonos el mensaje de su humanismo,
el testimonio de un hombre extraviado en
este siglo de progreso material. Pero no
vino con las manos vacías, nos trajo
su más reciente obra: La caverna

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La
zona de usos múltiples (ZUM) de la
Universidad de Lima sirvió de escenario
para el acontecimiento cultural del año:
la presencia del Nobel de Literatura portugués
en nuestra capital. Saramago, quien estuvo
acompañado del filósofo Miguel
Giusti y del escritor Alonso Cueto, habló
ante un abigarrado auditorio con un lenguaje
fluido, el mismo que no resulta difícil
asociar a ese tono con el que ha hecho de
la narración un verdadero arte.
En palabras de Alonso Cueto: "Saramago
es un escritor del siglo XIX que escribe para
el siglo XXI. Sin embargo, es un escritor
preocupado por su tiempo. Como para Dickens
y Balzac, los principios, la moral, la ética,
no son para él temas pasados de moda".
Es verdad, Saramago no teme incurrir en aquello
que para otros puede ser un anacronismo: darnos
la oportunidad de encontrar el contenido moral
de sus textos y entrever incluso la moraleja
que subyace en ellos. En esta entrega describe
el mundo moderno teniendo como eje ese auténtico
símbolo de estos tiempos de consumismo:
el centro comercial.
EL
CENTRO
Para este genial escritor portugués,
el Centro, representado en su novela por una
gigantesca construcción de 48 pisos
y una construcción subterránea
de 10 niveles, es el símbolo de estos
tiempos de absoluta deshumanización.Es
prácticamente el único espacio
público que queda y ha sustituido a
la plaza, al jardín, la calle, el parque,
etc. El centro comercial o shopping center,
es el monumento a un estilo de vida que pretende
arrancarnos de nuestra propia naturaleza para
llevarnos hacia una sociedad automatizada.
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Por ello no es de extrañar que en la
novela la vida de los personajes gire en torno
a él. Es el lugar donde todos quieren
comprar e incluso vivir.
Al inicio de la obra, el alfarero Cipriano
Algor es informado que sus piezas de barro
han sido relegadas por objetos de plástico.
Marta, su hija, le sugiere entonces elaborar
un nuevo producto, propuesta que es aceptada
por el encargado. No obstante, este nuevo
producto será también rechazado
ya que luego de hacer un focus group descubren
su poca aceptación.
Cipriano Algor, en un gesto
que revela toda su grandeza, le pregunta al
encargado el nombre de las dos únicas
personas que tuvieron una opinión favorable,
pues tiene la intención de agradecerles
personalmente. No olvidemos que Cipriano Algor
es un artista, un alfarero, alguien que reivindica
el derecho a la individualidad creativa. En
una época en que las cadenas y centros
comerciales prefieren una producción
en serie dirigida a un estilo de vida uniforme
y anodino, su conducta resulta un verdadero
sacrilegio.

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El
Centro constituye una metáfora de los
tiempos que vivimos. Imbuidos de un espíritu
exitista, se desecha todo aquello que se considera
prescindible para la idea que hoy se tiene
de progreso.
La globalización emerge entonces con
su rostro más descarnado, el del avasallamiento
de todo valor o tradición que no sea
compatible con esa noción de progreso
y adelanto. Por ello, Cipriano Algor y su
familia son relegados. Su mundo no es el de
la superficie, es otro, pertenece al pasado.
En palabras del propio autor, La caverna cierra
una involuntaria trilogía conformada
por Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres,
obras que nos permiten aproximarnos a la idea
que Saramago tiene de esta época de
transición y deshumanización
finisecular que le ha tocado vivir.

"Hay quien se pasa la vida leyendo sin
conseguir nunca ir más allá
de la lectura, se quedan pegados a la página,
no entienden que las palabras son sólo
piedras puestas atravesando la corriente de
un río, si están allí
es para que podamos llegar a la otra margen,
la otra margen es lo que importa".
En esta cita textual, extraída de la
obra, se sintetiza mejor que con cualquier
explicación alambicada la intención
de Saramago. Después de todo, el bien
y el mal aparecen en sus libros desprovistos
de toda intención manipuladora. Somos
sus lectores quienes debemos atravesar el
caudaloso río de su imaginación
para encontrar nuestras propias verdades.
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