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Cuando
se mira Piura desde lo alto, parece que el
desierto abraza a los árboles y que
el río es una serpiente silenciosa
que se desliza entre los arenales dando vueltas
interminables enroscándose y desenroscándose.
Apenas llegamos al aeropuerto un vaho de aire
cálido nos estremece y nos da noticia
de que estamos en una de las regiones más
ardientes de nuestra patria. Más tarde,
alojados ya en un lugar propicio, bajo la
sombra de un algarrobo o un tamarindo, una
sabrosa limonada nos levanta el ánimo,
nos deja contentos, mientras a lo lejos el
sol reverbera entre los médanos tiñéndolos
del dorado de la tarde.
Los piuranos son hospitalarios y cordiales.
Con su voz cantarina ganan la voluntad de
los forasteros, le ofrecen sus variados potajes:
cebiche de mero con yuca y sarandajas, que
son los frejoles característicos de
la región, el "seco de chabelo",
que es un plátano majado con carne
seca, la "mala rabia" un potaje
de plátano sancochado,con un aliño
donde se mezclan el
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queso
fresco, con cebolla y una pizca de ají,
que puede servirse como entrada o acompañando
a una porción de pescado frito. En
Sechura o en Maracaballo, dos lugares cercanos
a la desembocadura del río Piura en
el Mar Pacífico podemos comer cebiche
de guitarra, o de mero, o de perico, o una
formidable parihuela que nos repone de una
noche larga o nos invita a una larga siesta
en el sopor de una tarde cálida.
Piura es la primera ciudad fundada por españoles,
en 1532, en las cercanías del poblado
indígena de Tangarará, cerca
de la actual ciudad de Sullana. Diversas vicisitudes,
principalmente la presencia de enfermedades
endémicas que afectaban a los ojos,
hicieron que en varias ocasiones se cambiara
de lugar.
Estuvo en una de ellas en Paita y finalmente
en la zona de El Chilcal, nombre de un arbusto
de la región, que es donde está
actualmente. Por eso se le apela como la ciudad
volante. El nombre, que recuerda la alfombra
de Aladino, es muy apreciado y
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querido
en toda la región. En cambio se rechaza
airadamente la denominaciónde ciudad
errante, ocurrencia reciente de un historiador
no vinculado intensamente con la tradición
de la ciudad.
H. G. Wells, el célebre novelista inglés
escribió una de sus novelas más
conocidas, El país de los ciegos, ambientándola
en una zona al sur del Ecuador que es inequívocamente
Piura.
Desde
Piura, en un suspiro llegamos a Catacaos.
Este célebre distrito es conocido por
su hermosa Semana Santa, que comparte con
la de Ayacucho justa fama. La religiosidad
popular, la orfebrería en plata y oro,
la calidad de sus enormes sombreros de paja
que pueden estrujarse tanto que caben en la
concavidad de una mano, hacen de Catacaos
uno de los lugares inolvidables del Perú.
Los cataquenses son famosos por la excelencia
de los cebiches, de los piqueos y las variedades
de chicha de jora que los pueden acompañar.
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