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Por
Juan Felipe Isasi Cayo *
La
reforma de la seguridad social en salud viene avanzando, a paso
lento pero seguro, en
su propósito de alcanzar su objetivo central: la universalidad de
la cobertura mediante el concurso de actores públicos y privados
en los regímenes contributivo y subsidiado. |
Hemos
dicho en otras ocasiones que
la sola ruptura del monopolio público representa ya un éxito
porque, aunque la mayoría de los trabajadores dependientes e
independientes optaran por asegurarse en la entidad estatal
(ESSALUD), de todos modos recibirán un mejor trato que el que
recibían en el EX -IPSS, dado que dicho ente público se ha visto
obligado a mejorar su infraestructura, equipamiento,
procedimientos y tratamientos, como consecuencia de la amenaza que
representa el tener que competir con el sector privado.
Pero,
siempre que se soluciona un problema, las estrategias
implementadas presentan también nuevos retos a resolver y el caso
de la seguridad social en salud no es una excepción. Una de las
críticas que se viene formulando es el tema de los bajos ingresos
que reciben los médicos, situación que se pretende atribuir a la
presencia de las Entidades Prestadoras de Salud - EPS que, por ser
entes privados que deben generar utilidades, deben hacer un
esfuerzo de control de costos para cuyo efecto buscarán negociar
con sus proveedores (establecimientos médicos y profesionales de
la salud) unas condiciones tales que aseguren un margen de
ganancia.
En
consecuencia, las EPS presionan por costos a las clínicas y las
clínicas presionan sobre los honorarios de los médicos. El
resultado - señalan los críticos - es un médico con más
trabajo y menor remuneración.
El
asunto es complejo, pero lo primero que cabría señalar es que
siendo el objetivo fundamental de la reforma lograr una salud
plena para todos, la
suerte de los profesionales de la salud ocupa un lugar
privilegiado en la preocupación de las autoridades del Estado,
sin distinción.
Y
no puede ser de otro modo, puesto que la reforma no tiene futuro
alguno si los médicos no llegan a internalizar la idea
mundialmente compartida de que la forma más eficiente de invertir
en salud es la técnica del aseguramiento en un entorno
competitivo.
Ha
pasado a la historia la tradicional práctica del paciente que,
desprovisto de un seguro, acude a su médico de confianza al
momento de enfermarse y extrae directamente del bolsillo el
importe necesario para cubrir los honorarios correspondientes,
para luego ir a la farmacia de la esquina a comprar sus medicinas. No hay bolsillo que soporte esto, menos aún
en casos de hospitalización. La prevención y el aseguramiento es
la nueva realidad que, en todo caso, no obedece a la voluntad del
Estado, sino al vertiginoso crecimiento de los costos de la salud.
A esa realidad tenemos que adecuarnos. La salud es demasiado cara
para que pueda ser solventada
con el simple expediente de echar mano al bolsillo.
En
consecuencia, los médicos y
los establecimientos de salud deben entender que su
“cliente” no es más el mismo “paciente” sino una
aseguradora pública o privada, EPS o compañía de seguro,
que provee los recursos necesarios para que el paciente se
atienda.
Ahora
bien, si se mira detenidamente el asunto, esta realidad es un
hecho feliz desde la perspectiva del paciente, porque sin la técnica
del aseguramiento, los altos costos de los servicios médicos sólo
podrían ser sufragados por unas pocas personas, dejando a la
inmensa mayoría de ellas en la absoluta desprotección; a menos
que se piense que el Estado debe ocuparse de la salud de toda la
población. Pero, en este supuesto negado, todos tendríamos que
pagar vía impuestos, las
mismas sumas ( o mayores ) que hoy pagamos en contribuciones a la
seguridad social y en primas de seguros privados.
¿ Y los médicos ?... serían todos empleados públicos a
tiempo completo y dedicación exclusiva que percibirían, por
concepto de honorarios, la remuneración mensual que el
presupuesto de la república pudiera solventar.
Visto
así el asunto, los bajos ingresos de los profesionales de la
salud no tiene relación alguna con la reforma de la seguridad
social en salud que permite la participación de las Entidades
Prestadoras de Salud EPS en la cobertura de salud, puesto que,
antes de la reforma, las compañías de seguros ya ofrecían
seguros de salud .
Todo
lo contrario, desde que, hasta ahora, las EPS están tomando parte
de la población asegurada en ESSALUD; el efecto directo de la
reforma es el haber ofrecido nuevas oportunidades de trabajo a más
profesionales de la salud del sector privado. En la medida que el
universo asegurado crezca, la demanda de los servicios de los
establecimientos y profesionales de la salud crecerá igualmente,
incrementándose naturalmente las remuneraciones de los médicos,
paramédicos y otros trabajadores del sector.
Ciertamente,
es menester encontrar fórmulas adecuadas de contratación entre
las EPS y las clínicas y entre éstas y los médicos, para cuyo
efecto es necesario propiciar un diálogo inteligente orientado a
satisfacer racionalmente el interés de todos los actores, pero
ello es asunto distinto al de pretender negar la reforma, atribuyéndole
males que no ha originado.
Es
hora de que los establecimientos médicos y los
profesionales de la salud se organicen bajo la forma de Entidades
Prestadoras de Salud - EPS o prepagas, y que las propias EPS
busquen su integración vertical mediante alianzas estratégicas
con establecimientos médicos propios o contratados bajo la
modalidad de riesgo compartido u otras técnicas, para lograr
costos racionales sin sacrificar a ninguno de los actores del
sistema.
*
Superintendente de Entidades Prestadoras de Salud.
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