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Diciembre 2000 -  No. 2293

Revista 2293
  AL TORO POR LAS ASTAS

Por Juan Felipe Isasi Cayo *

La reforma de la seguridad social en salud viene avanzando, a paso lento pero seguro,  en su propósito de alcanzar su objetivo central: la universalidad de la cobertura mediante el concurso de actores públicos y privados en los regímenes contributivo y subsidiado.  

Hemos dicho en otras ocasiones que  la sola ruptura del monopolio público representa ya un éxito porque, aunque la mayoría de los trabajadores dependientes e independientes optaran por asegurarse en la entidad estatal (ESSALUD), de todos modos recibirán un mejor trato que el que recibían en el EX -IPSS, dado que dicho ente público se ha visto obligado a mejorar su infraestructura, equipamiento, procedimientos y tratamientos, como consecuencia de la amenaza que representa el tener que competir con el sector privado.

Pero,  siempre que se soluciona un problema, las estrategias implementadas presentan también nuevos retos a resolver y el caso de la seguridad social en salud no es una excepción. Una de las críticas que se viene formulando es el tema de los bajos ingresos que reciben los médicos, situación que se pretende atribuir a la presencia de las Entidades Prestadoras de Salud - EPS que, por ser entes privados que deben generar utilidades, deben hacer un esfuerzo de control de costos para cuyo efecto buscarán negociar con sus proveedores (establecimientos médicos y profesionales de la salud) unas condiciones tales que aseguren un margen de ganancia.

En consecuencia, las EPS presionan por costos a las clínicas y las clínicas presionan sobre los honorarios de los médicos. El resultado - señalan los críticos - es un médico con más trabajo y menor remuneración.

El asunto es complejo, pero lo primero que cabría señalar es que siendo el objetivo fundamental de la reforma lograr una salud plena para todos,  la suerte de los profesionales de la salud ocupa un lugar privilegiado en la preocupación de las autoridades del Estado, sin distinción.

Y no puede ser de otro modo, puesto que la reforma no tiene futuro alguno si los médicos no llegan a internalizar la idea mundialmente compartida de que la forma más eficiente de invertir en salud es la técnica del aseguramiento en un entorno competitivo.

Ha pasado a la historia la tradicional práctica del paciente que, desprovisto de un seguro, acude a su médico de confianza al momento de enfermarse y extrae directamente del bolsillo el importe necesario para cubrir los honorarios correspondientes, para luego ir a la farmacia de la esquina a comprar  sus medicinas. No hay bolsillo que soporte esto, menos aún en casos de hospitalización. La prevención y el aseguramiento es la nueva realidad que, en todo caso, no obedece a la voluntad del Estado, sino al vertiginoso crecimiento de los costos de la salud. A esa realidad tenemos que adecuarnos. La salud es demasiado cara para que pueda ser solventada  con el simple expediente de echar mano al bolsillo.

En consecuencia, los médicos  y  los establecimientos de salud deben entender que su “cliente” no es más el mismo “paciente” sino una aseguradora pública o privada, EPS o compañía de seguro,  que provee los recursos necesarios para que el paciente se atienda.

Ahora bien, si se mira detenidamente el asunto, esta realidad es un hecho feliz desde la perspectiva del paciente, porque sin la técnica del aseguramiento, los altos costos de los servicios médicos sólo podrían ser sufragados por unas pocas personas, dejando a la inmensa mayoría de ellas en la absoluta desprotección; a menos que se piense que el Estado debe ocuparse de la salud de toda la población. Pero, en este supuesto negado, todos tendríamos que pagar vía impuestos,  las mismas sumas ( o mayores ) que hoy pagamos en contribuciones a la seguridad social y en primas de seguros privados.   ¿ Y los médicos ?... serían todos empleados públicos a tiempo completo y dedicación exclusiva que percibirían, por concepto de honorarios, la remuneración mensual que el presupuesto de la república pudiera solventar.

Visto así el asunto, los bajos ingresos de los profesionales de la salud no tiene relación alguna con la reforma de la seguridad social en salud que permite la participación de las Entidades Prestadoras de Salud EPS en la cobertura de salud, puesto que, antes de la reforma, las compañías de seguros ya ofrecían seguros de salud .

Todo lo contrario, desde que, hasta ahora, las EPS están tomando parte de la población asegurada en ESSALUD; el efecto directo de la reforma es el haber ofrecido nuevas oportunidades de trabajo a más profesionales de la salud del sector privado. En la medida que el universo asegurado crezca, la demanda de los servicios de los establecimientos y profesionales de la salud crecerá igualmente, incrementándose naturalmente las remuneraciones de los médicos, paramédicos y otros trabajadores del sector.

Ciertamente, es menester encontrar fórmulas adecuadas de contratación entre las EPS y las clínicas y entre éstas y los médicos, para cuyo efecto es necesario propiciar un diálogo inteligente orientado a satisfacer racionalmente el interés de todos los actores, pero ello es asunto distinto al de pretender negar la reforma, atribuyéndole males que no ha originado.

Es  hora de que los establecimientos médicos y los profesionales de la salud se organicen bajo la forma de Entidades Prestadoras de Salud - EPS o prepagas, y que las propias EPS busquen su integración vertical mediante alianzas estratégicas con establecimientos médicos propios o contratados bajo la modalidad de riesgo compartido u otras técnicas, para lograr costos racionales sin sacrificar a ninguno de los actores del sistema.

 

* Superintendente de Entidades Prestadoras de Salud.

 

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