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Diciembre 2000 -  No. 2293

Revista 2293
  UN PRESENTE GRIS PARA LOS LIBROS

 

El amigo que se va

El actual deterioro de la economía y las cargas tributarias son los principales factores que afectan a la industria editorial peruana, la que año tras año cede mercado ante el incontenible avance de la informalidad.  

  
De acuerdo con las cifras proporcionadas por Boris Romero Accinelli, ex presidente de la Cámara Peruana de la Industria Editorial, desde hace algunos años se viene registrando la mayor crisis que haya padecido el mercado de libros en nuestro país.

Con 23 millones de textos vendidos en 1999, de los cuales unos 8.5 millones fueron proporcionados gratuitamente por el Ministerio de Educación; el Perú, conjuntamente con Haití, se convierte en el país de la región con menor consumo per cápita (0.91 ejemplares por habitante), mientras que Argentina está por encima de los 5, México en 3.5 y Colombia en 3.4. Por algo compartimos con Haití el dudoso privilegio de ocupar el último lugar.  

En el comercio exterior, las cosas tampoco andan muy bien. Mientras en 1980 exportábamos 3.6 millones de libros y Colombia lo hacía por 4’000,000; hoy la distancia es aún mayor. Así, en 1999 comercializamos con las justas 200 mil unidades en el ámbito internacional, mientras que nuestro vecino del norte comercializó 150 millones. 

AHOGADOS

Romero Accinelli, afirma que esta realidad tiene como origen  la derogación la Ley del Libro, hace casi 30 años, hecho que explica porque somos la nación “más subdesarrollada de América Latina”. Sin embargo, la actual crisis se ha ido intensificando debido al gravamen que tiene la producción nacional, hecho insólito que es un caso único en toda  la región.

Según el experto, los impuestos superan el 40 %, de los cuales, el 18 % de IGV corresponde al costo de impresión (20 %, entre Aduanas e IGV, si se prefiere importar maquinarias y equipos modernos), 20 % más por materia prima y finalmente 2.5% de Impuesto a la Renta (se gane o no se gane).

A eso hay que agregarle otros costos indirectos como el 5 % por concepto del IES o el 20 % del ISC para algunos servicios como el de la proporción de bidones de agua para los trabajadores.

Por eso, como explica Luis Suárez, representante del Fondo de Cultura Económica, hay motivos suficientes para que un autor peruano prefiera publicar una obra en México o Colombia, antes que hacerlo en su propio terruño.

Suárez señala que este factor obliga a que el costo de los libros no esté al alcance de las mayorías, a tal punto, que mientras en esos países se habla de un tiraje de 4,000 y 5,000 ejemplares; en el Perú, solamente llegamos a 500 o a lo mucho 600 unidades por título.

¿QUIEN LOS FRENA?

Alguien dijo que los poetas y las cucarachas son los únicos seres que han logrado sobrevivir a todas las calamidades. Le faltó incluir a los vendedores ilegales, quienes aprovechando las difíciles circunstancias, salen a lucirse abierta o clandestinamente en sus puntos de venta, tomando como justificación la consabida frase de “culturizar al pueblo.”

Hasta para una editorial como San Marcos, que comercializa sus libros a precios sumamente competitivos, precisamente dirigidos a sectores socioeconómicos B y C (que representan entre un 45 % y 50 % de sus ventas), la informalidad es también una cuestión muy seria.

De manera que, si un editor lanza al mercado un libro con un tiraje de 2,000 ejemplares, a S/. 20 cada uno, pensando obtener una ganancia de S/. 40,000; a causa de la piratería, su utilidad neta podría ser tan sólo de 20 %, es decir, S/. 8,000, pero sólo en el mejor de los casos.

Boris Romero, quien es además presidente de Editorial Brasa y Editorial Gráfica Monterrico, refiere que desde hace 20 años su producción ha venido reduciéndose en 25 %, es decir, si antes se jactaba de producir 16 millones de ejemplares, hoy con las justas llega a los 4 millones.

“En el volumen total de nuestras ventas -dice el empresario- no hemos caído tanto porque hemos tenido que incursionar en  otros mercados como el de la venta de papel de lustre, de regalo, cartulina plastificada, cuadernos de música, espirales, papel cortado, etc. Es decir, tuvimos que desvirtuar la esencia de nuestro negocio para poder sobrevivir”.

A diferencia del anterior, las estrategias tanto del Fondo de Cultura Económica  como de Editorial San Marcos, estuvieron más encaminadas a incursionar en otro tipo de obras. El primero, que tiene la ventaja de contar con un subsidio del gobierno mexicano, proyecta crecer para este año 5 % y facturar US$ 180,000  principalmente por su dedicación a los textos de ciencia y tecnología, medicina, auditoría y contabilidad y el reforzamiento que piensan brindar a sus numerosas colecciones de libros para niños.

Rosario Torres, gerente general del FCE, considera como punto importante reforzar su presencia no sólo en Lima (ahora cuentan con una librería que comercializa incluso textos de otras editoriales como McGraw Hill) sino también en otras partes del país como Arequipa, Cuzco, Trujillo y Tacna, que representan el 10 %.

Editorial San Marcos, dirigida por Aníbal Paredes, estima facturar US$ 1.5 millones al término del 2000. “Para el 2001, afirma su gerente general, debemos llegar a los US$ 2 millones. Obviamente, por la diversidad con que actuamos, estamos produciendo libros de inicial y de literatura infantil, que resultan ser un mercado muy amplio”, sostiene.

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