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UN PRESENTE GRIS PARA LOS LIBROS |
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El
amigo que se va
El
actual deterioro de la economía y las cargas tributarias son los
principales factores que afectan a la industria editorial peruana,
la que año tras año cede mercado ante el incontenible avance de
la informalidad.
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acuerdo con las cifras proporcionadas por Boris Romero Accinelli,
ex presidente de la Cámara Peruana de la Industria Editorial,
desde hace algunos años se viene registrando la mayor crisis que
haya padecido el mercado de libros en nuestro país.
Con
23 millones de textos vendidos en 1999, de los cuales unos 8.5
millones fueron proporcionados gratuitamente por el Ministerio de
Educación; el Perú, conjuntamente con Haití, se convierte en el
país de la región con menor consumo per cápita (0.91 ejemplares
por habitante), mientras que Argentina está por encima de los 5,
México en 3.5 y Colombia en 3.4. Por algo compartimos con Haití
el dudoso privilegio de ocupar el último lugar.
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En
el comercio exterior, las cosas tampoco andan muy bien. Mientras
en 1980 exportábamos 3.6 millones de libros y Colombia lo hacía
por 4’000,000; hoy la distancia es aún mayor. Así, en 1999
comercializamos con las justas 200 mil unidades en el ámbito
internacional, mientras que nuestro vecino del norte comercializó
150 millones.
AHOGADOS
Romero
Accinelli, afirma que esta realidad tiene como origen
la derogación la Ley del Libro, hace casi 30 años, hecho
que explica porque somos la nación “más subdesarrollada de América
Latina”. Sin embargo, la actual crisis se ha ido intensificando
debido al gravamen que tiene la producción nacional, hecho insólito
que es un caso único en toda
la región.
Según
el experto, los impuestos superan el 40 %, de los cuales, el 18 %
de IGV corresponde al costo de impresión (20 %, entre Aduanas e
IGV, si se prefiere importar maquinarias y equipos modernos), 20 %
más por materia prima y finalmente 2.5% de Impuesto a la Renta
(se gane o no se gane).
A
eso hay que agregarle otros costos indirectos como el 5 % por
concepto del IES o el 20 % del ISC para algunos servicios como el
de la proporción de bidones de agua para los trabajadores.
Por
eso, como explica Luis Suárez, representante del Fondo de Cultura
Económica, hay motivos suficientes para que un autor peruano
prefiera publicar una obra en México o Colombia, antes que
hacerlo en su propio terruño.
Suárez
señala que este factor obliga a que el costo de los libros no esté
al alcance de las mayorías, a tal punto, que mientras en esos países
se habla de un tiraje de 4,000 y 5,000 ejemplares; en el Perú,
solamente llegamos a 500 o a lo mucho 600 unidades por título.
¿QUIEN
LOS FRENA?
Alguien
dijo que los poetas y las cucarachas son los únicos seres que han
logrado sobrevivir a todas las calamidades. Le faltó incluir a
los vendedores ilegales, quienes aprovechando las difíciles
circunstancias, salen a lucirse abierta o clandestinamente en sus
puntos de venta, tomando como justificación la consabida frase de
“culturizar al pueblo.”
Hasta
para una editorial como San Marcos, que comercializa sus libros a
precios sumamente competitivos, precisamente dirigidos a sectores
socioeconómicos B y C (que representan entre un 45 % y 50 % de
sus ventas), la informalidad es también una cuestión muy seria.
De
manera que, si un editor lanza al mercado un libro con un tiraje
de 2,000 ejemplares, a S/. 20 cada uno, pensando obtener una
ganancia de S/. 40,000; a causa de la piratería, su utilidad neta
podría ser tan sólo de 20 %, es decir, S/. 8,000, pero sólo en
el mejor de los casos.
Boris
Romero, quien es además presidente de Editorial Brasa y Editorial
Gráfica Monterrico, refiere que desde hace 20 años su producción
ha venido reduciéndose en 25 %, es decir, si antes se jactaba de
producir 16 millones de ejemplares, hoy con las justas llega a los
4 millones.
“En
el volumen total de nuestras ventas -dice el empresario- no hemos
caído tanto porque hemos tenido que incursionar en
otros mercados como el de la venta de papel de lustre, de
regalo, cartulina plastificada, cuadernos de música, espirales,
papel cortado, etc. Es decir, tuvimos que desvirtuar la esencia de
nuestro negocio para poder sobrevivir”.
A
diferencia del anterior, las estrategias tanto del Fondo de
Cultura Económica
como de Editorial San Marcos, estuvieron más encaminadas a
incursionar en otro tipo de obras. El primero, que tiene la
ventaja de contar con un subsidio del gobierno mexicano, proyecta
crecer para este año 5 % y facturar US$ 180,000
principalmente por su dedicación a los textos de ciencia y
tecnología, medicina, auditoría y contabilidad y el
reforzamiento que piensan brindar a sus numerosas colecciones de
libros para niños.
Rosario
Torres, gerente general del FCE, considera como punto importante
reforzar su presencia no sólo en Lima (ahora cuentan con una
librería que comercializa incluso textos de otras editoriales
como McGraw Hill) sino también en otras partes del país como
Arequipa, Cuzco, Trujillo y Tacna, que representan el 10 %.
Editorial
San Marcos, dirigida por Aníbal Paredes, estima facturar US$ 1.5
millones al término del 2000. “Para el 2001, afirma su gerente
general, debemos llegar a los US$ 2 millones. Obviamente, por la
diversidad con que actuamos, estamos produciendo libros de inicial
y de literatura infantil, que resultan ser un mercado muy
amplio”, sostiene.
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