En la encrucijada de la recesión económica y la crisis política del país,
el Gobierno está dictando algunas medidas tendientes a mejorar el
panorama del sector. En ese sentido, no hace mucho, decidió honrar
las deudas pendientes de las personas cuyas tierras fueron expropiadas
en la época de la funesta Reforma Agraria.
Si bien William Temoche, director del Comité de Importadores y
Comerciantes de Vinos, Licores y otras bebidas de La Cámara, reconoce
estos y otros esfuerzos, principalmente los que están orientados a
beneficiar a los pequeños agricultores, estima que también existen
otras prioridades no menos importantes.
Al respecto, en materia de impuestos, considera fundamental que haya
diferencia entre lo que es el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) para
una bebida de 40 grados o más de alcohol (caso del vodka o del ron) y
otra, como el vino, que tiene entre 10 y 12 grados.
Para el caso del pisco, Temoche se inclina por una anulación total del
ISC, con el objetivo de que este producto, cuya denominación de
origen peruano está siendo reconocida en varios foros
internacionales, ocupe una mejor posición con relación a otras
bebidas alcohólicas.
El comité de La Cámara no deja de expresar su disconformidad con el
aumento del ISC de 10 % a 20 %. Debido a esta medida, la cantidad de
licores que ingresan por contrabando experimentó un aumento de 5 % a
45 %.
“En estos momentos hay productos como el whisky -afirma- donde se puede
decir que una de cada dos botellas es fruto de esta actividad ilícita.”
Es sabido que el Perú exporta pisco hacia Japón, Estados Unidos y
Europa. Quizás el caso más peculiar tenga que ver con la plaza
chilena.
“Chile es un comprador nuestro, pero para llegar a ese país sureño
hay que cambiar las etiquetas de las botella para que, en lugar de que
aparezcan con la denominación de ‘pisco’, figuren con la de
‘aguardiente de uva’”, expresa.
Sin embargo, refiere que nuestros vecinos al comparar la calidad de los
respectivos productos, reconocen que las bebidas peruanas destacan por
su sabor.
Temoche es un firme convencido de que antes de preocuparnos por las
ventas internacionales, tanto los productores como los
comercializadores deben impulsar el consumo nacional del pisco.
“En Chile se producen más de 4’000,000 de cajas, de la cuales
comercializan al exterior 100,000. El potencial de consumo de ellos es
local, de manera que solamente exportan sus excedentes”, dice.
En el caso peruano, la
producción legal gira en alrededor de 150,000 a 200,000 cajas. De esa
cantidad, actualmente se exportan unas 5,000. No obstante, 4 de cada 5
botellas de pisco son de ínfima calidad.