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NEGOCIOS

Octubre, 2000 - Edición 2292

Revista 2292
LA VID CONTINUA AMARGA

La industria de bebidas alcohólicas, especialmente la del pisco, requiere de incentivos que favorezcan una efectiva difusión de sus productos tanto en el mercado nacional como internacional.

La producción agraria peruana representa  la cuarta parte de lo que producen otros países de la región como Chile y Argentina, que cuentan con un rendimiento por hectárea de 20 a 30 toneladas.

William Temoche "Para vender en Chile debemos hacerlo como aguardiente y no como pisco"

En la encrucijada de la recesión económica y la crisis política del país, el Gobierno está dictando algunas medidas tendientes a mejorar el panorama del sector. En ese sentido, no hace mucho, decidió honrar las deudas pendientes de las personas cuyas tierras fueron expropiadas en la época de la funesta Reforma Agraria.

Si bien William Temoche, director del Comité de Importadores y Comerciantes de Vinos, Licores y otras bebidas de La Cámara, reconoce estos y otros esfuerzos, principalmente los que están orientados a beneficiar a los pequeños agricultores, estima que también existen otras prioridades no menos importantes.

Al respecto, en materia de impuestos, considera fundamental que haya diferencia entre lo que es el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) para una bebida de 40 grados o más de alcohol (caso del vodka o del ron) y otra, como el vino, que tiene entre 10 y 12 grados.

Para el caso del pisco, Temoche se inclina por una anulación total del ISC, con el objetivo de que este producto, cuya denominación de origen peruano está siendo reconocida en varios foros internacionales, ocupe una mejor posición con relación a otras bebidas alcohólicas.

El comité de La Cámara no deja de expresar su disconformidad con el aumento del ISC de 10 % a 20 %. Debido a esta medida, la cantidad de licores que ingresan por contrabando experimentó un aumento de 5 % a 45 %.

“En estos momentos hay productos como el whisky -afirma- donde se puede decir que una de cada dos botellas es fruto de esta actividad ilícita.”

Es sabido que el Perú exporta pisco hacia Japón, Estados Unidos y Europa. Quizás el caso más peculiar tenga que ver con la plaza chilena.

“Chile es un comprador nuestro, pero para llegar a ese país sureño hay que cambiar las etiquetas de las botella para que, en lugar de que aparezcan con la denominación de ‘pisco’, figuren con la de ‘aguardiente de uva’”, expresa.

Sin embargo, refiere que nuestros vecinos al comparar la calidad de los respectivos productos, reconocen que las bebidas peruanas destacan por su sabor.

Temoche es un firme convencido de que antes de preocuparnos por las ventas internacionales, tanto los productores como los comercializadores deben impulsar el consumo nacional del pisco.

“En Chile se producen más de 4’000,000 de cajas, de la cuales comercializan al exterior 100,000. El potencial de consumo de ellos es local, de manera que solamente exportan sus excedentes”, dice.

En el caso peruano, la producción legal gira en alrededor de 150,000 a 200,000 cajas. De esa cantidad, actualmente se exportan unas 5,000. No obstante, 4 de cada 5 botellas de pisco son de ínfima calidad.

 

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