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LITERATURA

Octubre, 2000 - Edición 2292

Revista 2292
PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2000
Gao, el disidente

Escribe Ricardo Delgado Rossi.

Nacido en Ganzhou, provincia de Jiangxi, Gao Xingjian se ha convertido merced al Nobel de Literatura que acaba de obtener, en una suerte de embajador cultural de China ante el mundo (Es la primera vez que un autor de lengua china recibe la máxima distinción de la literatura universal). Pintor, dramaturgo, escritor; en suma, un artista en todo el sentido de la palabra. Este hombre de apariencia sencilla nos da a través de su obra un ejemplo cabal de enriquecimiento universal, armonizando lo mejor de su cultura con la influencia para él importante  de la cultura occidental.

Gao Xingjian vive en un modesto departamento ubicado en Bagnolet, un suburbio de París. Ciudad a la que llegó como exiliado en 1987, huyendo de la opresión política existente en su país, la misma que tendría como penoso desenlace los acontecimientos de Tiananmen de junio de 1989.

Francia no le era después de todo un lugar desconocido a este hombre que se vinculó desde muy joven con la cultura de occidente, recuérdese que estudió francés en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Beijing, y es por todos reconocida su calidad como traductor, dado su amplio dominio de la lengua francesa.

Hoy, radicado en Francia, reconoce que eligió este país por todo lo que representaba para él: “Perseguido en mi patria, para mí era evidente que el mejor sitio donde podía soñar con instalarme, lejos de China, era París. He traducido al chino mucha literatura francesa. Y pensé que no sería difícil comenzar una nueva vida. Este premio prueba que no estuve totalmente equivocado”.

El galardón le hace justicia a la obra de un escritor que, hay que decirlo, no había recibido el reconocimiento intelectual de parte de las grandes y prestigiosas editoriales de Francia. Todas ellas rechazaron reiteradamente la publicación de sus obras. Fue así que Xingjian terminó editando La montaña del alma, con Marion Hennebert, directora literaria de una humilde editorial de provincias, Editions de l’ Aube. Este desdén de las editoriales, no obstante, no impidió que en 1992 el gobierno de Francia lo nombrara Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.

LA OBRA

Pero, ¿qué fue lo que molestó tanto a la cultura oficial en China? Según parece, la actitud de Gao de hacer prevalecer la libertad del hombre en su proceso creativo, así como la defensa de su individualidad por sobre todas las cosas, fue lo que entró en directa contradicción con las ideas existentes en las altas esferas del régimen. Las mismas que preconizan  un arte que esté al servicio de las masas. Política que llegó al paroxismo durante la Revolución Cultural  (1966- 1976), época en la que fue obligado a  ingresar a un centro de reeducación y a quemar gran parte de su obra.

Gao no ha querido hacer de ello un martirologio; por el contrario, ve con sabia comprensión lo acontecido en su vida. En todo caso, su evidente admiración por la cultura occidental no lo ha llevado a renegar de su cultura ancestral,  la misma que es parte fundamental de su proceso de creación. La influencia de autores como Ionesco, Beckett o Brecht, ha sido decisiva en su formación. Fue uno de los primeros en dar a conocer el teatro del absurdo y en propugnar el teatro experimental en China.

Algunos conocedores de su obra, ven en Gao Xingjian un dramaturgo y un crítico cultural, más que un novelista a tiempo completo. De lo que no cabe la menor duda, es que estamos ante un artista absoluto, es decir en el estricto sentido del término. Alguien que vive por y para el arte. Tal vez ello explique su austera forma de vida, algo que difícilmente podrá cambiar el Nobel, ya que más que una carencia económica es una forma de concebir la vida y su propio rol en el mundo.

En efecto, para un hombre interior como él, no existe más riqueza que su mundo personal, ésta parece ser la premisa que trazó el rumbo de este escritor, cuya grandeza literaria recién empezamos a descubrir:  No puedo quejarme de mi suerte, en Francia. Encontré muy pronto traductores y amigos. Vivir modestamente no me parece ninguna tragedia. He podido trabajar en libertad. He podido publicar. Y el Nobel no sé si es un cuento de hadas o un sueño maravilloso”.

En La montaña del alma, tal vez su obra más conocida, el relato obedece a las impresiones que extrae el autor de sus viajes por lugares ignotos de  China, periplo que lo lleva a reflexionar sobre la suerte de su patria. Para ello recurre a las sagas milenarias, a la historia y a toda suerte de sucesos que tienen como eje central una inconmensurable sabiduría taoísta.

En el fondo, se trata de un viaje interior, de la búsqueda de las raíces, de la propia identidad. Algo que se ha convertido en hilo conductor de toda su creación.

 

Opiniones encontradas 

Gao Xingjian había logrado consolidarse en el mundo intelectual de China, cuando dejó ese prestigio entonces creciente por un exilio que terminó por marginarlo del mundo literario oficial de su país natal. Luego vendría el ostracismo y la prohibición de sus libros.

En los últimos meses se dice que se habría producido una cierta apertura con respecto a su obra. No obstante, las primeras reacciones después del Nobel no han sido alentadoras. Chen Fang, uno de los escritores más prestigiosos de China, ha criticado ácidamente lo que para él  es una actitud eurocéntrica de la Academia:  Gao ha ganado el Nobel porque sus obras han sido traducidas al francés. El desconocimiento de la Academia sueca en relación a la literatura China es absoluto, ellos ignoran a otros autores más representativos”.

Más allá de toda discusión, lo cierto es que Gao Xingjian forma parte de esa cultura milenaria, cuyo valioso testimonio tiene mucho por  ofrecernos  y cuya sabiduría se remonta al inicio de nuestra propia  historia

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