| PREMIO
NOBEL DE LITERATURA 2000 |
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| Gao,
el disidente
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Escribe
Ricardo Delgado Rossi.
Nacido
en Ganzhou, provincia de Jiangxi, Gao Xingjian se ha
convertido merced al Nobel de Literatura que acaba de obtener,
en una suerte de embajador cultural de China ante el mundo (Es
la primera vez que un autor de lengua china recibe la máxima
distinción de la literatura universal). Pintor, dramaturgo,
escritor; en suma, un artista en todo el sentido de la
palabra. Este hombre de apariencia sencilla nos da a través
de su obra un ejemplo cabal de enriquecimiento universal,
armonizando lo mejor de su cultura con la influencia para él
importante
de la cultura occidental.
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Gao
Xingjian vive en un modesto departamento ubicado en Bagnolet, un
suburbio de París. Ciudad a la que llegó como exiliado en 1987,
huyendo de la opresión política existente en su país, la misma que
tendría como penoso desenlace los acontecimientos de Tiananmen de
junio de 1989.
Francia
no le era después de todo un lugar desconocido a este hombre que se
vinculó desde muy joven con la cultura de occidente, recuérdese que
estudió francés en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Beijing, y
es por todos reconocida su calidad como traductor, dado su amplio
dominio de la lengua francesa.
Hoy,
radicado en Francia, reconoce que eligió este país por todo lo que
representaba para él: “Perseguido
en mi patria, para mí era evidente que el mejor sitio donde podía soñar
con instalarme, lejos de China, era París. He traducido al chino
mucha literatura francesa. Y pensé que no sería difícil comenzar
una nueva vida. Este premio prueba que no estuve totalmente equivocado”.
El
galardón le hace justicia a la obra de un escritor que, hay que
decirlo, no había recibido el reconocimiento intelectual de parte de
las grandes y prestigiosas editoriales de Francia. Todas ellas
rechazaron reiteradamente la publicación de sus obras. Fue así que
Xingjian terminó editando La montaña del alma, con
Marion Hennebert, directora literaria de una humilde editorial de
provincias, Editions de l’ Aube. Este desdén de las editoriales, no
obstante, no impidió que en 1992 el gobierno de Francia lo nombrara
Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.
LA
OBRA
Pero,
¿qué fue lo que molestó tanto a la cultura oficial en China? Según
parece, la actitud de Gao de hacer prevalecer la libertad del hombre
en su proceso creativo, así como la defensa de su individualidad por
sobre todas las cosas, fue lo que entró en directa contradicción con
las ideas existentes en las altas esferas del régimen. Las mismas que
preconizan
un arte que esté al servicio de las masas. Política que llegó
al paroxismo durante la Revolución Cultural
(1966- 1976), época en la que fue obligado a
ingresar a un centro de reeducación y a quemar gran parte de
su obra.
Gao
no ha querido hacer de ello un martirologio; por el contrario, ve con
sabia comprensión lo acontecido en su vida. En todo caso, su evidente
admiración por la cultura occidental no lo ha llevado a renegar de su
cultura ancestral,
la misma que es parte fundamental de su proceso de creación.
La influencia de autores como Ionesco, Beckett o Brecht, ha sido
decisiva en su formación. Fue uno de los primeros en dar a conocer el
teatro del absurdo y en propugnar el teatro experimental en China.
Algunos
conocedores de su obra, ven en Gao Xingjian un dramaturgo y un crítico
cultural, más que un novelista a tiempo completo. De lo que no cabe
la menor duda, es que estamos ante un artista absoluto, es decir en el
estricto sentido del término. Alguien que vive por y para el arte.
Tal vez ello explique su austera forma de vida, algo que difícilmente
podrá cambiar el Nobel, ya que más que una carencia económica es
una forma de concebir la vida y su propio rol en el mundo.
En
efecto, para un hombre interior como él, no existe más riqueza que
su mundo personal, ésta parece ser la premisa que trazó el rumbo de
este escritor, cuya grandeza literaria recién empezamos a descubrir:
“No puedo quejarme de
mi suerte, en Francia. Encontré muy pronto traductores y amigos.
Vivir modestamente no me parece ninguna tragedia. He podido trabajar
en libertad. He podido publicar. Y el Nobel no sé si es un cuento de
hadas o un sueño maravilloso”.
En
La
montaña del alma, tal vez su obra más conocida, el relato
obedece a las impresiones que extrae el autor de sus viajes por
lugares ignotos de
China, periplo que lo lleva a reflexionar sobre la suerte de su
patria. Para ello recurre a las sagas milenarias, a la historia y a
toda suerte de sucesos que tienen como eje central una inconmensurable
sabiduría taoísta.
En
el fondo, se trata de un viaje interior, de la búsqueda de las raíces,
de la propia identidad. Algo que se ha convertido en hilo conductor de
toda su creación.
Opiniones
encontradas
Gao
Xingjian había logrado consolidarse en el mundo intelectual de
China, cuando dejó ese prestigio entonces creciente por un exilio
que terminó por marginarlo del mundo literario oficial de su país
natal. Luego vendría el ostracismo y la prohibición de sus libros.
En
los últimos meses se dice que se habría producido una cierta
apertura con respecto a su obra. No obstante, las primeras
reacciones después del Nobel no han sido alentadoras. Chen Fang,
uno de los escritores más prestigiosos de China, ha criticado ácidamente
lo que para él
es una actitud eurocéntrica de la Academia:
“ Gao ha ganado el
Nobel porque sus obras han sido traducidas al francés. El
desconocimiento de la Academia sueca en relación a la literatura
China es absoluto, ellos ignoran a otros autores más
representativos”.
Más
allá de toda discusión, lo cierto es que Gao Xingjian forma parte de
esa cultura milenaria, cuyo valioso testimonio tiene mucho por
ofrecernos
y cuya sabiduría se remonta al inicio de nuestra propia
historia
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