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ULTIMA PAGINA La feria y los escribidores
Probablemente no se vendieron mayores cantidades de títulos, pero sí el público tuvo contacto con diversas editoriales y algunos autores que llegaron al recinto ferial. Fue un acierto de la Cámara Peruana del Libro organizar esta actividad. Escritores, poetas, periodistas, intelectuales y cultores del arte se dieron cita. Jóvenes escritores como Iván Thais o el controvertido Jaime Bayle, expusieron sus ideas sobre la nueva forma de hacer literatura. Este último presentó su nueva obra: "Los amigos que perdí". Haciendo realidad el espacio-tiempo-histórico de Víctor Raúl Haya De la Torre (quien conjuntamente con José Carlos Mariátegui, son las mentes más preclaras del siglo pasado), se hicieron "presentes" Carlos Fuentes, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato, Alejo Carpentier y Juan Rulfo, entre otros, cuyas fotos también se expusieron. Caso curioso fue observar en blanco y negro, al todavía no consagrado escritor, el "joven" Alfredo Bryce Echenique (Sólo había escrito "Un mundo para Julius") o Jorge Luis Borges, con su inseparable sombrero gris, a quien la Academia nunca le otorgó el Nobel por razones políticas. Hasta Vallejo mostró otra faceta de su vida. La melancolía y soledad se opacaron ante la grandeza de su genialidad, expuestas en la tinta de más de una veintena de dibujos. Inolvidable será la experiencia de haber "conversado", bajo el arrogante aroma de un café amargo, con esos talentosos escritores. Todavía las ferias de libros en el Perú son pequeñas. Nos falta una cultura de lectura. Como bien afirma el poeta Manuel Liendo, en charla con Ricardo Delgado, que mal haríamos obligar a leer. La lectura es una forma de vida que nos lleva a una rica herencia cultural que son los libros. Por algo, en el argot criollo se sentencia que "es un tonto quien presta un libro y doblemente tonto, quien lo devuelve". Aunque eso no debe ser así. El desarrollo de la obra editorial en el país y consecuentemente, la formación de una cultura de lectura son tareas que en conjunto deben desarrollar el Estado con la empresa privada. Los esfuerzos de los académicos y escritores, que tienen el respaldo de las empresas, muchas veces se ven limitados por los altos costos que significa producir o importar libros y afines. Creemos que el problema debe analizarse desde una perspectiva arancelaria-tributaria y de promoción en las instituciones educativas y agentes económicos. Sólo así se podrá fomentar una cultura de éxito, que garantizará en última instancia, la comercialización de libros, con el consecuente beneficio de impulsar el desarrollo industrial y fomentar mayores empleos. (CSM). |
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