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Cámara de Comercio de Lima

 

JUAN PABLO VISCARDO Y GUZMÁN, EL PRECURSOR

La luz que no se extingue

Por Ricardo Delgado Rossi

Desterrado de su país de origen, privado de su patrimonio personal y condenado a ser un extranjero por el resto de sus días, Juan Pablo Viscardo y Guzmán logró sobreponerse a su destino y dejarnos uno de los más esclarecedores y profundos alegatos acerca de nuestra identidad. Alegato nacido de la pluma y el talento infatigable de un hombre que vivió pensando en su patria hasta el último día de su vida.

La historia de la humanidad es pródiga lamentablemente en casos de iniquidad y arbitrariedad extremas, pero el caso de Juan Pablo Viscardo y Guzmán, cala en lo más profundo de nuestro ser por cuanto este insigne intelectual arequipeño, con tenacidad y auténtico amor por la patria, supo contrarrestar un designio que lo condenaba al ostracismo, y producir una obra que lo sitúa dos siglos después de su muerte, para admiración de todos, en el centro del debate ideológico de su época.

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Había nacido el 26 de junio de 1748 en Pampacolca, aldea cercana al nevado del Coropuna (Arequipa). Tenía 15 años cuando hizo votos estando en el Colegio Real de San Bernardo en el Cusco, colegio que era en ese entonces destino común de los hijos de la aristocracia de la región surandina. Sería precisamente en el Cusco donde iniciaría su interés por los destinos del Perú y la emancipación de la Corona.

Cuando en 1767 aún no había cumplido los 20 años, Juan Pablo Viscardo y Guzmán al igual que su hermano Anselmo y otros 442 jesuitas que formaban parte de la Orden en el Perú, fueron expulsados del país. La Cédula firmada por Carlos III, no sólo disponía la expulsión de la Orden de nuestro continente, también les prohibía a sus miembros, bajo amenaza de muerte, que retornaran al Perú. Además daba por terminada cualquier forma de comunicación con los suyos y los conminaba a renunciar a los bienes que por derecho propio les correspondían.

LA DIÁSPORA

Fueron embarcados hacia el puerto de Cádiz (España), desde donde los enviaron a Viscardo y su hermano a Massacarrara, cerca de Liorna (Italia), punto inicial de lo que sería su destierro perpetuo.

A partir de entonces, vivirían casi como indigentes quienes habían pertenecido a una familia acomodada, serían apátridas por arbitraria y oprobiosa decisión de la Corona, permanecerían siempre bajo sospecha y teniéndose que ocultar del omnímodo poder de los borbones. Tanto él como su hermano adoptaron nuevos nombres, Juan Pablo pasó a ser así Paolo Rossi y Anselmo, Antonio Valessi.

Estos años de destierro no fueron improductivos, se abocó con obsesivo afán a su tarea de lograr la independencia del Perú, que para él no era ya tan sólo su emancipación del yugo colonial, sino recuperar la patria perdida.

Con ese propósito le envía cartas a John Udnay, cónsul inglés en Liorna, proponiéndole la conformación de una expedición inglesa. Su inteligencia y particular análisis, lo llevaron a concebir este plan a través de Inglaterra, ya que los demás países europeos se encontraban inmersos en su propia estrategia geopolítica. Finalmente, y para explicarse mejor, decide acudir personalmente a Londres.

EN LONDRES

Según se ha documentado, Viscardo vivió en Londres en dos épocas, la primera de 1782 a 1784, y la segunda desde 1791 hasta su muerte, ocurrida en la capital inglesa el 10 de febrero de 1798, cuando estaba próximo a cumplir 50 años. Recientemente, el historiador Teodoro Hampe Martínez logró ubicar el lugar en el cual vivió el ilustre pensador, en la actualidad funciona allí un banco (esquina de Baker Street y Marylebone Road). Estos importantes datos fueron descubiertos por Teodoro Hampe al tener acceso a las anotaciones del entonces ministro plenipotenciario de Estados Unidos, Rufus King, diplomático con quien Viscardo tuvo una gran amistad y a quien le entregó sus escritos al advertir que su salud era cada vez más precaria. A la muerte de Viscardo, Rufus King los puso en manos del patriota venezolano Francisco de Miranda, quien llegó algunos años después a vivir en Londres, y quien no duda un instante en publicarlos. Así, la famosa Carta a los españoles americanos inicia un recorrido por el mundo, dándole a su autor la fama y el prestigio que la vida le negó.

FRANCISCO DE MIRANDA

 
El gran patriota venezolano residió en Londres desde 1802 hasta 1805, en el número 27 de Grafton Street (hoy número 58 de Grafton Way). La casa de Miranda es en la actualidad un museo, conocido por haber sido en su época el crisol de la americanidad.
A la muerte del héroe, su viuda continuó con su tesonera labor y albergó a personajes tan importantes como Andrés Bello, Simón Rodríguez y el propio Simón Bolívar.
No obstante, Miranda no conoció personalmente a Viscardo, pues éste falleció 4 años antes de su llegada a Londres, pero sí supo comprender la importancia de sus escritos, cuando Rufus King se los entregó, y fue por ello que decidió editarlos y difundirlos inmediatamente, rescatando para las ideas de la emancipación un documento que en otras circunstancias pudo haberse perdido para siempre.