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Cámara de Comercio de Lima

 

VIAJANDO EN CLASE ECONÓMICA HACIA CAMISEA

El mercado, ¿dónde está?

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Por Carmen Anaya Valer

Luego de dos años y siete meses de estar en compás de espera, Camisea nuevamente entró en marcha, al menos en el papel.

Las perspectivas a simple vista parecen más que alentadoras, pues el consorcio ganador –formado por la argentina Pluspetrol, la estadounidense Hunt Oil y SK Corporation de Corea- ofreció una regalía de 37,24%. Toda una promesa.

El entusiasmo inicial que supuso la entrega de la primera etapa del proyecto –es decir la exploración- a un consorcio privado no debe dejar de lado las dudas que todavía persisten en torno a este yacimiento, descubierto en la década de los 80 por Shell.

Por lo pronto, surgen algunas interrogantes en torno a las cifras dadas. Pluspetrol –que posee el 40% del consorcio ganador de la licitación convocada para la etapa de exploración- habla de invertir en el yacimiento US$ 1,200 millones, mientras que el consorcio anterior –aquel formado por Shell y Mobil- se refería a más US$ 2,000 millones

El nuevo responsable de Camisea explica la diferencia remitiéndose al ejemplo de viajar en primera clase a Miami u optar por trasladarse en clase económica. Pluspetrol y compañía, entonces decidieron viajar a Camisea en clase económica.

Pero más allá de las explicaciones, lo cierto es que para este nuevo consorcio las exigencias son menores de las que se establecieron con Shell y Mobil. Por lo pronto, se eliminó la necesidad de construir en la zona del yacimiento una central hidroeléctrica, la cual si bien no era un requisito indispensable para las labores de Shell y Mobil, estaba contemplada en el contrato como una opción con grandes probabilidades.

Una vez reducidas las exigencias y con la premura de las elecciones presidenciales del 9 de abril, la licitación fue un éxito en la forma. Pero la pregunta obvia es cuán exitoso puede ser el fondo. Y este último debe estar formado básicamente por el mercado, pues Camisea podrá ser explotada todo lo que se quiera pero si no hay una demanda, muy poco servirá el proyecto.

Allí es donde Camisea sigue siendo un tema delicado, pues hasta el momento no se ha logrado desarrollar el mercado necesario y si en algún momento se tuvo esperanzas concretas cuando Shell y Mobil suscribieron compromisos de venta con las principales empresas del país que pudieran adquirir gas, pues dicha posibilidad quedó sin piso cuando este año el Estado, vía Electroperú, se vio obligado a firmar un contrato de compra de gas al postor que resulte responsable del yacimiento.

Lo hizo porque ninguna de las empresas eléctricas que podría usar el gas de Camisea –léase Edegel, Etevensa- o las compañías que antes suscribieron los compromisos de inversión –es decir Compañía Manufacturera de Vidrio, Sudamericana de fibras o Alicorp, entre otras- volvió a firmar un acuerdo similar y tampoco mostró intención alguna de hacerlo.

Es que las esperanzas de Camisea se fueron desvaneciendo en la medida que el proceso de licitación del proyecto se iba prorrogando, y surgían miles de rumores sobre el retiro de los postores, de igual modo, el número de postores que se presentarían el gran día iban y venían.

La incertidumbre entonces acabó por retraer el mercado potencial de Camisea, aun cuando el Gobierno terminó por buscar cuanta protección hubiese para asegurar esta demanda. De otro modo, no se explica la decisión de impedir la construcción de más centrales hidroeléctricas en el país durante los siguientes cinco años.

Con prohibición o no, las empresas generadoras de electricidad ni se inmutaron cuando se anunció la suscripción del contrato entre Electroperú para adquirir el gas de Camisea. Es más, ellas siguieron con sus proyectos hidroeléctricos que ya tenían en marcha. Después de todo, Camisea, pese a los anuncios de que el gas estará en Lima lo antes posible, es visto como un proyecto a largo plazo y la demanda por generar energía eléctrica en el país no puede ir a la par de ese desarrollo. Eso lo saben muy bien Etevensa y Edegel, los que podrían ser los grandes compradores de gas en el país.

En cuanto al mercado externo, las perspectivas tampoco resultan alentadoras, pues en la misma medida que el Perú se demoraba en desarrollar Camisea, Bolivia apresuró la venta de su gas al mercado brasileño y no lo hizo con licitación y transnacionales de por medio. Comenzó con un acuerdo entre gobiernos.

En medio de este contexto, la licitación de Camisea proseguirá. La primera etapa ya concluyó con éxito y no hay que negar que el primer resultado de ella será el ingreso de más inversiones en el país.

Ahora con el resultado de la licitación en el transporte, se espera dar inicio a las inversiones en el campo una vez que se tenga éxito en la siguiente licitación.