CINE

Dioses y Monstruos

 Crítica de Marco Nieto Piaggio

 James Whale es uno de esos directores que fueron olvidados rápidamente, pero cuyas películas quedaron para siempre como iconos representativos de todo el genero de terror.

Aun cuando Whale también disfrutó del éxito de musicales (Showboat) y aventuras (El hombre de la mascara de hierro), siempre quedará en las memorias del cine como el creador de Frankenstein y de la Novia de Frankenstein, ambas protagonizadas por el genial Boris Karloff. Las razones para su eventual desaparición del medio seguramente están ligadas a su identificación con películas de "terror", o por su abierta homosexualidad. Este último punto es el eje de toda la película de Bill Condon, basada en la novela de Christorpher Bram (Padre de Frankenstein), y protagonizada por Ian McKellen como James Whale, Brendan Fraser como un ex – infante de marina que trabaja de jardinero (Clay Boone), y Lynn Redgrave como la ama de llaves.

La película tiene muchas virtudes cinematográficas y esta dotada de un buen libreto (ganador del Oscar). Las actuaciones son magnificas, y en particular, Ian McKellan, vuelve a confirmar su impresionante versatilidad.

Lynn Redgrave también desarrolla su papel con mucho aplomo (interpretación que le valió su primera nominación al Oscar), y demuestra su gran capacidad para la comedia. La temática de la película es bastante sórdida, y diseñada para un público abierto al sentimentalismo.

Trata principalmente de la pérdida de la juventud, y como la búsqueda para recurperarla es un camino hacia la autodestrucción. En el camino, una extraña relación de interdependencia entre el protagonista y su jardinero ofrece una mirada hacia el alma de los protagonistas.

El jardinero Clay Boone, un joven mujeriego y heterosexual, queda fascinado por la vida de su empleador aun cuando lo rechaza por ser homosexual.

Por otro lado, Whale encuentra en Boone la juventud que perdió y la posibilidad de liberarse de la decadencia física que lo consume. El producto de esta relación es una amistad que llega a poner en tela de juicio la heterosexualidad de Boone, quien se encuentra permanentemente asediado por los avances de Whale.

El gran defecto de la película radica en sus largos diálogos, que pueden llegar a cansar al espectador. Condon sabe de fotografía, y combina de forma precisa el entorno con el drama que se desenvuelve entre sus personajes, pero nos ahoga con reiterados monólogos del protagonista, que hacia el final se sienten predecibles.

Con premios en San Sebastián, un Oscar, entre otras menciones, Dioses y Monstruos se consagra como una película con mucha calidad artística, pero, que podría haber sido aun mejor si no lo fuese tanto.