EN PERSONA

 

Descentralización real

De tiempo en tiempo se elevan las voces de quienes claman por una descentralización económica y política para el país. Las campañas electorales son un buen pretexto para hablar del tema y hacer promesas sobre descentralización.

También, los sectores gremiales, laborales y académicos reclaman por una efectiva descentralización.

Es más, la Constitución vigente contempla un sistema político descentralizado. Abordar este tema resulta difícil, porque empieza por la necesidad de definir la descentralización.

Algunos prefieren pensar en modelos de descentralización aplicados en otros países, sin tener en cuenta las diferencias que existen respecto a nuestra realidad, que tiene niveles de desarrollo, características geográficas, homogeneidad cultural, distintas a otras naciones.

Para nosotros, la descentralización significa dar oportunidades de desarrollo al interior del país utilizando sus ventajas comparativas para convertirlas en ventajas competitivas.

No creemos que la descentralización sea simplemente pasar recursos a regiones, departamentos o provincias para obras públicas, sino usar los recursos del tesoro público para identificar las oportunidades reales de cada zona y aprovecharlas.

Está claro que la riqueza del Perú se origina fuera de Lima. Basta conocer el aporte del sector minero, pesquero y turismo a la economía nacional y comprobar que este tiene como matriz de producción el interior del país. No obstante, el 80% del PBI está registrado en Lima.

Como están las cosas, debemos promover un estudio nacional de competitividad por regiones que permita al sector privado reconocer las oportunidades de inversión y también enseñe al sector público las obras que necesita hacer para que ese dinámico sector privado pueda desarrollarse. En algunas zonas se necesitarán mejores carreteras, en otras un aeropuerto internacional para exportar productos sin tener que venir a Lima, o deberá mejorarse un puerto, o algo por el estilo.

La descentralización no se realiza a través de incentivos tributarios, como los que hemos conocido por décadas para la selva y zonas de frontera. No será en esa forma como se atraerá al inversionista nacional y extranjero, sino por un conocimiento de las oportunidades de cada región, para lo cual el gobierno debe financiar un estudio a cargo del sector privado, produciendo lo que sería un Plan Maestro de Inversiones Descentralizadas.

Una vez determinadas las posibilidades del país, según sus regiones, no sólo se conocerán los sectores donde arriesgar, sino que será más fácil exigir al gobierno la realización de obras en favor de esos proyectos.

También el gobierno tendrá una visión clara de lo que el sector privado producirá y querrá que se negocie con otros países en los diferentes escenarios de negociación bilateral, regional o multilateral en los que participa el Perú.

Sólo después del conocimiento de nuestras oportunidades lograremos dar los pasos a la descentralización y desarrollo real que nuestra nación requiere.