Injustamente acusados de informales, las empresas comercializadores de automóviles usados salen al frente de sus inquisidores, demostrando su importancia en la labor de renovación del parque automotor nacional con unidades de reconocida calidad.Si hablamos de seguridad integral no sólo nos estmos refiriendo a la pauta física como se piensa generalmente, trayendo a colación al vigilante, la cámara filmadora, el fotocheck o cómo protegerse en el cerco perimétrico, sino de un universo mucho más amplio. Debemos ubicar al factor humano, los procedimientos administrativos, tecnológicos y de comunicaciones, así como la parte física.
Si bien los vehículos usados importados del Asia están exonerados, a través del régimen de CETICOS, del Impuesto Selectivo al Consumo, según explica Masror Hassan, gerente general de DaiIchi Motors, en la práctica por los costos generados en el cambio de dirección (timón, tablero y faros), se equipara la carga impositiva respecto a una unidad cero kilómetros.
"Estamos exonerados del ISC porque nosotros le damos un valor agregado al vehículo, al efectuar con todos los controles de calidad exigidos por la legislación peruana y el cambio de volante que en promedio representa un costo de US$ 500 por unidad", explica.
Dai-Ichi Motors ha invertido US$ 20 millones en sus centros de ventas y plantas de cambio de dirección en Lima, Tacna y Matarani.
TENDENCIA
Hassan detalla, sin embargo, que sus ventas han descendido progresivamente debido a la prohibición de importación de vehículos usados que empezará a regir a partir del 31 de diciembre del año 2005. Sólo en el último año la facturación de DaiIchi Motors ha descendido de US$ 85 millones a US$ 75 millones. Desde el año 1995, en que esta empresa inició sus operaciones en el Perú han vendido más de 20,000 unidades.
Desde 1997, las importaciones de Dai-Ichi Motors se han reducido 40% y ante la disposición que cierra este mercado, se han visto en la obligación de reducir el número de sus centros de ventas.
El número de empresas formales importadoras de automóviles usados desde 1998 a la fecha se ha reducido de 400 a 150, aproximadamente.
"La baja se debe a la poca estabilidad del mercado. Hace poco más de un año se dispuso a través de la Ley de ZOFRATACNA que las actividades culminen el 31 de diciembre del 2005. Por lo tanto, la inversión también tiene que regularse en función a eso, ya no puedo traer muchos carros porque sólo podré importarlos hasta una determinada fecha", señala Hassan.
Para el ejecutivo de DaiIchi Motors, el mercado automotor peruano está encontrando su nivel, puesto que en los últimos diez años se ha efectuado una renovación con vehículos con una antigüedad no mayor a cinco años. Sin embargo, anota, esta renovación se truncará si se cierra la importación de automóviles usados.
"En el Congreso existen varios proyectos que cada cierto tiempo los actualizan para propiciar el cierre de importaciones. En consecuencia, si a un empresario permanentemente lo amenazan con el cierre de sus actividades y hay todo un loby para lograr ese cometido, tenemos que medir nuestras inversiones ante el temor que se nos cierre el mercado", refiere.
Advierte en ese sentido que la prohibición de la importación de repuestos y autopartes usadas, dispuesta desde hace dos años, ha propiciado que el robo de vehículos se incremente en mas de 100% pues se ha abierto un importante margen para el desarrollo de un mercado negro de piezas robadas.
Calidad
Según explica Hassan, los automóviles usados están dirigidos fundamentalmente a un segmento de la población de las categorías socioeconómicas C y D, que no pueden pagar US$ 18,000 por un automóvil nuevo, pero sí con esfuerzo acceder a un vehículo de US$ 6,000 con una antigüedad no mayor a los tres años y con un recorrido promedio de 60,000 kilómetros.
"Desde el año 95 no tenemos una queja en Indecopi con nuestros clientes, pues los automóviles que traemos del Japón cumplen rigurosos estándares de calidad, que incluso los vehículos nuevos no poseen", subraya.
Explica que, dado que en principio los automóviles están dirigidos para el mercado doméstico japonés, las exigencias de calidad son bastante rigurosas, a diferencia de los nuevos, que por un tema de costos no cuentan por ejemplo con un catalizador para el control de emisiones y otros equipamientos.